El lunes 24 de julio ocurrió algo que venía anunciándose pero que sorprendió a más de uno, e incluso pasó desapercibido para la mayoría: cayeron todas las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) conocidas como "Ronda de Doha" o "Programa de Doha para el Desarrollo". Cualquier con este dato podrá preguntar: ¿Y? ¿Qué tiene de importante ese dato? Con la suspensión de la Ronda de Doha de la OMC se cierran todas las negociaciones multilaterales de libre comercio. Esto se produce por dos grandes motivos: 1) las contradicciones internas de los bloques de países mienbros de la OMC, y 2) la movilización de sectores sociales en todo el mundo en contra de estas negociaciones. Las razones de estas contradicciones internas y de la movilización popular son diversas. Básicamente se trata de las tres agendas de negociación: Agricultura, NAMA y Servicios, las que fueron objeto de distintas presentaciones y críticas.En Agricultura, los EEUU y la UE poseen mercados altamente subsidiados y no estaban dispuestos a ceder a las pretenciones de los países en desarrollo (sobre todo el G-20 liderado por India y Brasil) de abrir ese mercado a la fuerte competencia proveniente del Tercer Mundo. Sin embargo, el G-20 (que también incluye a Argentina) no manifestaba ninguna propuesta muy diferente al lenguaje del librecambio neoliberal: ellos decían que si EEUU y la UE abrían sus mercados, estaban dispuestos a entregar concesiones en bienes industriales (NAMA) y en el mercado de Servicios, pero nada en cuanto a desarrollo sustentable, soberanía alimentaria, políticas de industrialización, o rechazo de intromisión de este organismo internacional (la OMC) como otros (FMI y BM) dentro de las decisiones soberanas de diagramar las políticas públicas de cada país.
Por su parte, los moviemitnos sociales denunciaron estas posiciones y la fachada "pro desarrollo" con la que la OMC se llenaba la boca al referirse a la Ronda de negociaciones iniciada en Doha en 2001, dos meses después de los atentados del 11 de septiembre. Nada había de "desarrollo" en esta Ronda. Todo resultaba una farsa que solamente favorecía a los países centrales y a sus empresas transnacionales. La Ronda estuvo marcada por la falta de transparencia, desde reuniones secretas (los "green rooms" celebrados por países desarrollados y algunos subdesarrollados invitados, y de los que jamás de llevaban notas ni registros de lo que allí dentro se discutía), las reuniones Mini-Ministeriales (la OMC cuenta con 149 miembros que asisten mediante sus Ministros de Comercio a reuniones plenarias llamadas Ministeriales) en las que solamente participaban una decena de países, reuniones todavía más chicas, la total negativa a abrir una participación real hacia los sectores involucrados... todos ellos fueron cuestiones recurrentes que se sumaron a las críticas internas de posisiones de los diferentes países. La cuestión es que, luego de dos días de reunión entre el llamado "G-6" (EEUU, UE, Japón, India, Brasil y Australia) una vez más no se pudo zanjar las diferencias sobre Agricultura. Por ello, el Director General de la OMC, Pascal Lamy, llamó -muy a su pesar- a la suspensión de todas las agendas, de todas las negociaciones y de todo el proceso abierto en Doha.
Con esto se abren grandes posibilidades para plantear nuevos modelos de integración y de relaciones entre los países del mundo, abandonando la idea de mercantilización de la vida y dejando de estar centradas en los intereses de las empresas transnacionales para pasar a considerar los intereses de y para los pueblos. Suena muy lírico, sí, pero la realidad muestra que esto que empezó con esas consignas ("no al ALCA", "no al libre comercio", "no a la OMC") hoy ha demostrado su potencialidad capaz de derrotar todas estas maquinarias que parecían imparables y tomar el desafío de comenzar a construir algo diferente.
De todas formas los análisis aún deben ser profundizados. No todo debe ser medido en lo que los presidentes pueden o no pueden hacer. La dinámica que está condicionando a todas esas acciones es la dinámica social. Sobre eso, hace falta hacer un balance sesudo sobre lo que está pasando. Proyectos como el ALBA y los tratados de comercio de los pueblos (TCP) propuestos por Evo Morales, o el encuentro de “Enlazando Alternativas 2” que se hizo en Viena en mayo y que vinculó a campañas de movimientos y rede de Europa con las de América Latina, las Cumbres de los Pueblos (noviembre en Mar del Plata, y recientemente en Córdoba paralela a la Cumbre del Mercosur) deben ser variables importantes a considerar junto con el avance de amenazas y estrategias militaristas en el mundo (Irán, Iraq, Líbano, etc.) y en la región (tropas norteamericanas en el Paraguay). Pero sin dudas el fracaso de la Ronda de Doha es una derrota para el capital transnacional y una victoria para los sectores sociales que abre tremendas oportunidades para plantear alternativas de integración entre los pueblos. En cuanto a la Ronda de Doha: no la extrañaremos... para nada. Es tiempo de ser osados y de construir un futuro propio.



