La crisis financiera internacional ha producido un simbronazo en el último
Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza. A tal grado que finalmente queda expuesto el nivel de pánico que puede generar la apertura indiscriminada de las economías globales frente a los flujos de capital y los efectos de las crisis. Y no hablamos del miedo que puede causar esto en el común de los trabajadores, pequeños productores (que ven estos temas muy lejanos, pero que no obstante suelen ser los primeros perjudicados en las crisis económicas); sino en los accionistas e inversores más grandes del mundo.
Ahora, Davos se inquieta por una posible "ola de proteccionismo mundial" que pudiera salir como modo de contención para evitar el efecto contagio por la crisis.
A propósito, los relativos efectos que esta crisis económica está teniendo en América Latina se deben a que durante los últimos 8 años la región ha incrementado su intervención en las políticas comerciales y monetarias, y la mayor parte de sus gobierno han actuado en la macro y la microeconomía en forma activa. Algo que recién ahora está haciendo el gobierno norteamericano para evitar una catástrofe.
Lo cierto es que esta preocupación en Davos puede servir como medidor de los niveles de ambición que puedan perseguirse a corto plazo en la
Ronda de Doha de la OMC, la cual se encuentra estancada desde hace hace cerca de 1 año y medio.
La Ronda -iniciada en Doha, la capital del Reino de Qatar, en diciembre de 2001- debía finalizar en 2007 con un acuerdo que garantizara la continuidad de la
Organización Mundial del Comercio (OMC) y que resultara un paso significativo en la liberalización comercial. Este objetivo había querido lanzarse con la no-nata "Ronda del Milenio" desde la fallida Ministerial de Seattle en 1999. Pero recién hubo que esperar hasta 2001, y en un contexto de miedo generalizado contra el terrorismo tras los atentados a las Torres Gemelas, para que pudiera lanzarse existosamente la primera ronda de negociaciones comerciales de la OMC.
Hoy el panorama es completamente incierto. Temas como Agricultura y Acceso a Mercados No Agrícolas y Bienes Industriales (NAMA) son los que traban las negociaciones entre países desarrollados y países en desarrollo. Además ha caducado la potestad otorgada al Poder Ejecutivo norteamericano para negociar acuerdos comerciales sin consultar al Congreso (autorización conocida como
fast track). Sin esa autorización, el gobierno norteamericano negociará posiciones en la OMC que luego deberá solicitar se aprueben domésticamente, solicitud que además puede resultar adversa. Se trata de compromisos con muy poco valor los que EEUU pretende asumir en la Ronda, puesto que quizás vengan desautorizados luego.
Por su parte la UE también está condicionada, pero no por motivos políticos o legales sino por razones presupeustarias. El presupuesto de la Unión recién será reformulado hacia 2013, con lo que cualquier compromiso que asuman deberá estar ajustado en esos parámetros. Con ello, la UE no ha movido en un ápice sus posiciones de mantener los subsidios agrícolas y ayudas internas, algo que es fuerte reclamo por parte de los países en desarrollo.
La variable de ajuste para que haya una ronda existosa parece ser la de siempre: los países en desarrollo, quienes deberán adecuar sus economías, su producción y sus procesos de integración regionales a las necesidades de los países centrales. Y este clima de "miedo" por un posible proteccionismo viene ideal para arribar a acuerdos forzados que de no ser por ello no podrían llegarse.
Nuevamente, en lo que atañe a la OMC, la coyuntura superará a la planificación. La caída del Muro de Berlín dio el marco para hablar del "triunfo del liberalismo económico y del libre comercio" y posibilitó el establecimiento de la OMC. 13 años después está demostrado que si en algo no ha contribuído el libre comercio es a mitigar la pobreza y generar mecanismos de distribución de la riqueza mundial. En 2001, los atentados al
World Trade Center posibilitaron el contexto para el lanzamiento de la Ronda de Doha, a pesar de los abismos de diferencias entre los países miembros de la OMC. Esa reacción paranoica no evitó que se salvaran las distancias entre las delegaciones llegado el largo plazo y finalmente la Ronda se estancó. Hoy, la crisis financiera y "el miedo al proteccionismo" puede dar nuevamente un contexto favorable para forzar -y digo bien:
forzar- acuerdos sin importar las consecuencias a futuro.