Ya estaba desatada. Y ya se había hecho sentir en la bolsa argentina. Pero hoy el índice Merval -que mide la fluctuación de las cotizaciones accionarias más importantes de la bolsa de Buenos Aires- bajó un 8,7%. La crisis financiera mundial se hace sentir más que nunca, y esto parece que seguirá así por cuando fue rechazada la propuesta del gobierno de George W. Bush para intervenir en la economía norteamericana inyectando cientos de miles de millones de dólares para "apasiguar a los mercados".En comparación con los niveles que veníamos comentando hace apenas dos meses atrás, el precio del petróleo está por el suelo. Hoy cotizó a US$ 95 el barril, aunque es probable que su precio se estabilice un poco más arriba, pero no en los US$ 145 que nos había tenido "acustumbrados" hace unos meses atrás. Las tasas de interés seguramente auentarán en EEUU (haciendo bajas las nuestras), restringiendo así el dinero disponible en el mercado.
El paquete de medidas que el gobierno estaounidense tenía preparado contaba con un sideral monto: US$ 700.000 millones (lo que ellos llaman 7 billones de dólares). Pero también requería del otorgamiento de superpoderes para la administración, pues ese dinero tendría que ser utilizado con disposición libre del gobierno, algo que ahora no lo es puesto que tales fondos son sumas reunidas por el pago de impuestos (es decir que es "dinero de los contribuyentes", según la jerga que ellos manejan, dentro del tesoro público).
Recordemos que Bush ha perdido los superpoderes (fast track) otorgados por la paranoia del 11/09, y los utilizó para impulsar variedad de acuerdos de libre comercio que los demócratas ven hoy con un prisma no tan favorable como en su momento. Y a poco de dejar el cargo, y con una popularidad por los suelos a raíz de la invasión a Irak, son todavía
El documentalista norteamericano Michael Moorre (asérrimo opositor a la gestión Bush) lanzó en su página web una carta abierta emitida en el día de ayer en la que denuncia que el proyecto de salvataje del gobierno tiene como único objetivo el evitar la quiebra de las mayores empresas norteamericanas con dinero público (aportado por el Estado).
Empero, la forma de reaccionar ante la crisis tiene además mucho de ideológico. La ideología dominante en el país más importante del capitalismo mundial, el liberalismo, indica que las crisis son funcionales al sistema pues despejan los elementos inefcientes de los eficientes. Como si se trtase de una "selección natural" al mejor estilo darwiniano (o spenceriano, para ser más precisos). Los neoclásicos, partidarios de la intervención estatal que levantó a la economía norteamericana de la crisis de 1929 de la mano de las teorías keynesianas, abogan por una intervención fuerte para evitar la propagación de la crisis, que volverá incrementada y empeorará la situación de los propios norteamericanos. Ambas son teorías capitalistas, pero se enfrentan en términos de la cuestión del rol del Estado dentro de la economía.
La respuesta del gobierno republicano de derecha de George Bush ha sido por la (muy fuerte) intervención, mostrándose dispuesta a casi todo salvataje de las empresas financieras en riesgo. Tanto, que está dispuesto a arrojar al mercado US$ 700.000 millones!!! (tangamos en cuenta que el PIB argentino del 2007 fue de $523.700 miles de millones, unos US$ 174.500 millones. Por lo que están dispuestos a gastar -en una sola acción de rescate financiero- ¡¡cuatro veces lo producido por Argentina en un año!!).
Dentro de las medidas que ya se han tomado se ha estatizado deuda privada a fin de evitar quiebras de bancos que empeorarían la crisis en términos financieros (y que se contagiaría a otros bancos por ende). También los dos principales bancos de inversión (exclusivos para grandes capitales y restringido para los depósitos personales), el JP Morgan y el Bank of America han rescatado a sus pares de puestos inferiores (y no tan inferiores, pues hablamos dentro de los 7 más grandes) de una quiebra inminente. Muchos otros han directamente quebrado.
Los Representantes del partido republicano que votaron hoy en contra de la propuesta de Bush manifestaron su creencia de que el plan es un camino "hacia el socialismo". Según ellos, es el mercado quien debe solucionar los problemas del sistema financiero, de manera que los malos actores sean depurados y aquellos con solvencia sobrevivan, lo cual marca una profunda visión liberal de la crisis. De hecho, ya se han quejado de los rescates a los bancos y de la estatización de deuda privada hecha por la gestión Bush en estas semanas.
Otro grupo de legisladores, del partido demócrata, consideró que la ayuda debe dirigirse a los contribuyentes que no pueden cancelar sus deudas y no a los accionistas del sistema financiero, que han ganado fortunas con movimientos especulativos y son considerados responsables de las resonantes quiebras y de la crisis que mantiene en vilo al mundo. Recordemos que la crisis proviene de los créditos hipotecarios, tema que ya hemos explicado con anterioridad aquí.
La reacción de la bolsa de Wall Street fue el derrumbe. Todos los indicadores se hundieron ante el temor de que se congelen los mercados de crédito y la preocupación por las perspectivas de la economía mundial. El índice industrial Dow Jones sufrió la mayor caída de su historia -aún mayor que la posterior al atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001- al perder un 6,98%, el índice Standard & Poor's 500 perdió un 7,76% y el índice tecnológico Nasdaq, un 7,9 por ciento.
América latina también recibió el coletazo. El Bovespa de Brasil tuvo que cancelar sus operaciones por 30 minutos por el derrumbe y terminó cayendo casi 10% gracias a la aversión al riesgo que provoca la salida de los mercados emergentes. La bolsa argentina se desplomó, como dijimos, un 8,68% y registró la peor baja diaria desde febrero del 2002. La única bolsa que subió en el día de ayer fue la de Caracas.
Frente al sistema que se tambalea, los liberales salieron al ruedo para defender las máximas teóricas que deberían mantenerlo. Sin embargo, el clima es de incertidumbre. La recesión -que en EEUU es palpable desde hace varios años y este se ha vuelto oficial según los números- es el escenario previsible para los próximos años como consecuencia de la contracción del crédito para las empresas y consumidores que provocará la crisis del sistema financiero estadounidense y su contagio al resto de las economías globales.
En este contexto, los promotores de la liberalización (neoliberales en su gran mayoría) han sostenido que la libre circulación de capitales es la solución al mal. Esto habilitaría la posibilidad de que el mercado norteamericano se haga de fuentes de capitales externos de forma más sencilla que en la actualidad. Empero, lograr un acuerdo de libre comercio o de inversiones en estas condiciones sería algo suicida, pues la apertura beneficia -precisamente- la posibilidad de efectos contagio de las crisis externas. Si Argentina, por ejemplo, habilitase tal fuga, dependería de los resultados externos de la crisis más que de los manejos de política económica propia para recobrar los flujos. Esto sería una invitación a la crisis a que se aposte entre nosotros todavía más.
Más allá de ello, el sistema abarca no sólo el mapa territorial del mundo, sino además el conjunto de las relaciones sociales (algo que hace tiempo Marx definió como "subsunción real"). En tal sentido, Argentina no podrá tampoco evitar el contagio y la desaceleración de la economía es previsible debido a la caída del precio de las commodities, las cuales los economistas locales se encontraban esperanzados en que se mantuvieran eternamente altas y presentaban además casi como la única fuente de recaudación fiscal (vía retenciones) para la acumulación de reservas y posterior pago de la deuda externa (en definitiva, gran parte de ese dinero a ido a parar al exterior, y no ha sido distribuído internamente).
Pese a ello, la restricción de crédito internacional impactará levemente en la financiación del Estado (pues está pagando más deuda de la que adquiere, incluyendo los bonos de deuda que Venezuela ha comprado a las últimas dos gestiones), aunque sí afectará la recaudación fiscal y los índices de crecimiento (que ya han venido bajando). Los más afectados serán las empresas argentinas, que sí se han endeudado más fácilmente con el exterior.
Con menos dinero en el mercado, frenará el consumo y las inversiones, y las economías del mundo dejarán de crecer a las tasas registradas hasta el momento. La economía estadounidense creció 2,2% el año pasado y se proyecta un 1,5% para este año. En tanto, la zona euro pasará del 2,6 al 1,6 por ciento. Ello significará, la recesión esperada va a ser mayor y, por tanto, tomará más tiempo recuperarse de ella.
En ese contexto, podrá acentuarse la debilidad del sector inmobiliario, origen de la crisis por la colocación de hipotecas a clientes de baja calificación crediticia y el apalancamiento de riesgo que terminó con la quiebra de los bancos de inversión de EE.UU. y núcleo de las ejecuciones hipotecarias. Los precios de los inmuebles ya sufrieron una fuerte caída en España y EEUU.



