Investigar es trabajar

martes, 30 de junio de 2009

El día después: ¿unas elecciones en donde todos ganan?

Día después de las elecciones legislativas en Argentina. Y pasó algo increíble: al parecer todos ganaron.

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ofreció ayer una conferencia de prensa en la que expuso su análisis de las eleccion, diciendo que el Frente para la Victoria (FPV) fue el partido que más distritos ganó en todo el país (cosa que es cierto). Expuso que Mauricio Macri (PRO) tuvo un fuerte retroceso electoral en Capital Federal (algo que es verdad) y que ello no fue analizado por ningún medio (cosa que también es cierta).

el Ex Presidente Néstor Kirchner (FPV) dijo que habían perdido en la Provincia de Buenos Aires por muy poco, un margen mínimo de 2% (que también es cierto) y que eso los llamaba a "ir en camino de profundizar la gobernabilidad".

Elisa "Lilita" Carrió (Acuerdo Cívico y Social, ACyS) dijo que su alianza se había convertido en la fuerza política más importante del país con estas elecciones, pues le disputa el quorum al kirchnerismo dentro del Congreso (algo que es cierto), habiendo ganado también en varios distritos y habiendo conseguido la mayor cantidad de bancas para el Congreso Nacional en toda la elección (cosa que es verdad).

Por su parte, Francisco De Narváez (alianza Unión-PRO) -devenido de empresario políticamente fracasado (hace ya como 3 elecciones que él se postula y nunca tuvo resultados importantes) a cuasi-vedette de la política argentina y candidateable para la gobernación provincial- dijo que había ganado en el distrito más importante del país, la Provincia de Buenos Aires, desplazando al kirchnerismo con una amplia ventaja en votos contantes y sonantes (algo que también es cierto).

Pino Solanas (Proyecto Sur) dijo que era la fuerza con mayor crecimiento en la Capital Federal (cierto) y que con ello consolidaba un espacio de centro-izquierda al margen del kirchnerismo y del macrismo. Del mismo modo, desplazó a Carrió en la Capital como fuerza política alternativa del kirchnerismo, y al mismo tiempo se convirtió en alternativa frente al macrismo (cosa que también es cierta).

Mauricio Macri (PRO) comentó que su candidata porteña, Gabriela Michetti, había ganado en la Capital Federal (cierto) y que con ello la fuerza se perfilaba como "LA" oposición de la "gestión K".

El Vicepresidente Julio Cobos (UCR) dijo que arrasó en su Mendoza natal (cierto, sacó más de 20 puntos de ventaja) y que ello lo vuelve presidenciable para el 2011 (en la ciudad de Buenos Aires ya hay carteles anunciando su candidatura faltando todavía 2 años para eso...).

Ahora, con los resultados de las elecciones puestos, la pregunta es: ¿ganaron todos? ¿¿cómo es eso de que en una misma elección todos se sientan ganadores?? ¿¿acaso nadie perdió NADA en estos comicios??

Para el kirchnerismo estas elecciones fueron un revés. Eso es claro. Revés no significa una "derrota tremenda" y en términos absolutos, pero sí se evidenció el techo que le significó el conflicto con las entidades propietarias del campo y el desgaste de una gestión que se presentó diferenciada de la de su antecesor (Néstor Kirchner) pero que en el devenir de la práctica concreta y en los propios discursos y campañas oficiales se muestra como una continuidad de los últimos 6 años. Y el desgaste se hace sentir. Todo dependerá de cómo se maneja en los próximos días las consecuencias de los resultados electorales.

El kirchnerismo perdió el quorum propio que tenía en el Congreso y eso es algo más que un simple dato. Ahora, el matrimonio K deberá gobernar bajo una política de alianzas, algo que pretendió ir abandonando a medida que fueron ganando hegemonía dentro de las instituciones.

No sólo eso, la derrota en las elecciones hizo hacer renuncia a Kirchner de la conduccion del Partido Justicialista (PJ), al cual había accedido hace tan solo un año. En su lugar dejó a cargo a Daniel Scioli, que deberá alternar una candidatura testimonial para diputado (él salió elegido, pero seguramente renunciará a asumir como diputado nacional), una gobernación para nada sencilla (actualmente es el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires) y sus alianzas dentro del peronismo al que pertenece (es aliado de Kirchner, pero lo fue también de Menem, de Duhalde...).

Macri expone el triunfo electoral como su fiera la final de un campeonato, con cánticos de cancha y remeras y demás merchandising a tono del color de una campaña que no se distancia mucho de una estrategia de marketing. Pero perdió el 15% de los votos que lo llevaron a la Jefatura de Gobierno de la ciudad y en tan sólo un año y medio de gestión, lo cual es una "incineración de votos" en política. Eso quedó opacado por el triunfo en provincia y por el primer puesto de la ex Vicejefa de Gobierno, Michetti, que decidió no cumplir con su mandato para postularse como primera candidata del PRO para estas elecciones.

Esta es una evidente estrategia macrista para salir hacia la presidencia en el 2011, pero carece de una construcción política nacional (algo que el propio PRO reconoce). De hecho, el aparato político que le sirvió para ganar en provincia fue el fuerte aparato del duhaldismo (Eduardo Duhalde, ex Vicepresidente de la Nación en el primer gobierno de Carlos Menem, ex Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ex Presidente de la Nacion en 2002 y ex aliado de Néstor Kirchner). Pero el duhaldismo, si bien tiene un fuerte peso en Buenos Aires, no opera del mismo modo en todo el país, y los gobernadores provinciales están más cerca de las internas del PJ nacional que de un empresario que coquetea con el peronismo. Sobre todo eso -y sobre su cuentiosa fortuna- se apoya De Narváez para haber ganado en provincia: mucho dinero y un aparato político prestado.

Solanas tuvo una excelente elección. La mejor que pueda analizarse, junto con la de Cobos en Mendoza. Sin embargo, lasambiciones de Solanas por lo pronto tienen el límite de la ciudadde Buenos Aires. La fuerza de base del Proyecto Sur se compone básicamente por el Partido Socialista Auténtico (PSA) de muy pequeña construcción nacional, un sector importante de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) que sí posee una estructura de base a nivel de todo el país -sobre todo con un sindicato de empleados públicos ATE (Asociación de Trabajadores del Estado)-, algunas fuerzas territoriales como el Movimiento Territorial Liberación (MTL) y el aporte de los movimientos sociales (pequeños, dispersos, pero constituídos en red y con fuertes lazos entre sí). Pero eso es todavía insuficiente para considerarlo una estructura partidaria nacional.

La de Solanas es una gran victoria sin dudas, pero una victoria en Capital Federal (algo que no es menor: es el segundo distrito del país). Falta todavía para algo más grande.

Cobos arrasó en Mendoza, pero está completamente solo en la construcción política. Su propio partido, la Unión Cívica Radical (UCR) cerró filas con Carrió para estas elecciones. De hecho, Cobos llegó al gobierno como aliado de Kirchner y se distanció de él con el "conflicto del campo". La UCR posee una estructura partidaria nacional, pero dista mucho de ser lo que era en el año 1999, cuando llegó al gobierno de la mano de Fernando De La Rúa. El fallecimiento de su caudillo político, Raúl Alfonsín, parece haber empapado a todos los radicales de un repentino espíritu de unidad partidaria, en un partido que hasta hace poco estaba hecho pedazos.

Uno de esos pedazos díscolos fue Margarita Stolbizer o la propia Carrió, que se separó del partido para construir su Alternativa por una República de Iguales (ARI), que abandonó parahacer sus actuales alianzas electorales como la Coalición Cívica (CC) o el ACyS.

El secreto del "éxito" de las bancadas electorales del ACyS está dado en los resultados en varias provincias, pero por sobre todo en losresultados de las elecciones pasadas, que le aportaron a la fuerza de Carrió muchas bancas en el Congreso. Así es como hoy puede jactarse de disputar el quorum al kirchnerismo en el Congreso y sin embargo haber sido desplazada en los proncipales distritos nacionales (incluso la propia Carrió -que se postuló tercera en u propia lista- estuvo a punto de no entrar en el Congreso para estas elecciones).

Cada uno ha leído de estas elecciones el mensaje que quiso leer. Y admirándose en el optimismo del vaso medio lleno pretenden minimizar reveces, opacar debilidades, y mostrar fortalezas que en definitiva son más construcciones oportunistas que proyectos políticos de largo aliento. El gran pecado de estas elecciones es confundir quizás en ánimo por la gestión de gobierno con la construcción política de un país. Y en tal caso, el gran pecador es el ciego que no quiere ver...

lunes, 29 de junio de 2009

Golpe de Estado en Honduras (o "sucesión forzada" según la CNN)

Los medios de comunicación (escencialmente la cadena internacional norteamericana CNN) lo llamó "sucesión forzada"... Lamentable. El golpe de Estado contra el Presidente Constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, perpetrado en el día de ayer mientras el mandatario fue secuestrado en su avión presidencial, ha sido apoyado en una forma escandalosa por los medios de comunicación de ese país y del exterior, entre los que se encuentran -cuando no en lo que se refiere a golpes de Estado en Latinoamérica- los Estados Unidos.

Este hecho de altísima gravedad, ocurre a días de haberse celebrado la Cumbre Presidencial del ALBA, proceso de integración regional alternativo al librecambista plan propuesto por los EEUU para el continente: el fracasado ALCA. Honduras es uno de los países que se han sumados a la integración de este proceso (originalmente lanzado por Cuba y Venezuela en 2004), y en tal calidad participó de la última cumbre presidencial celebrada hace tan solo un par de días. Es por ello que en estos momentos se está llevando a cabo una Cumbre Extraordinaria del ALBA en la vecina Nicaragua.

Desde ya extrasamos nuestro repudio a este Golpe de Estado, que se intenta ocultar bajo el vergonzoso eufemismo de "sucesión forzada" por parte de las principales cadenas de información, lideradas por la CNN de EEUU.

Por estos motivos invitamos a mantenerse informado desde medios alternativos de información, como ser la cadena Telesur, o las redes alternativas vía web como Indymedia. La cadena de televisión Telesur está transmitiendo en vivo los hechos que se vienen sucediendo en las últimas horas, por lo que recomendamos su seguimiento.

¡Ni un solo Golpe de Estado en América Latina!

domingo, 28 de junio de 2009

Elecciones legislativas en Argentina (2009)

En el día de hoy, en Argentina se han elegido diputados y senadores nacionales, y legisladores en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Primero es necesario decir que el nivel de abstención fue un poco más bajo de lo habitual: la participación fue de casi el 74% del pardón electoral, y los votos positivos alcanzaron más del 94%, con lo que es voto blanco, nulo o impugnado tuvo un fuerte retroceso de los niveles habidos en 2001, por ejemplo.

La campaña electoral se centró principalmente en la disputa dentro de la ciudad capital de la Argentina y también en la competencia dentro del distrito de la Provincia de Buenos Aires. Y esto no fue por casualidad: ambos son los distritos más grandes del país (es decir con la mayor cantidad de votantes) pero también son los dos distritos en donde más se renuevan bancas.

Así es, en la Ciudad de Buenos Aires (la Capital Federal) se eligen 13 diputados nacionales y 30 legisladores porteños; mientras que en la Provincia de Buenos Aires se eligen 35 diputados. El tercer distrito más importante en la cantidad de bancas a disputar es la Provincia de Córdoba (distrito en donde los medios de comunicación incentivaron una campaña caliente con declaraciones de Luis Juez) y en Santa Fe (con las declaraciones de Carlos Reuteman), en donde se juegan 9 bancas para diputados nacionales y 3 para senadores nacionales.

En la capital la derecha sigue bien posicionada, con la renunciante Vice-Jefa de Gobierno porteño, Gabriela Michetti, que abandonó su cargo para postularse como primera candidata a diputada por el PRO (Partido Propuesta Republicana) del actual Jefe de Gobierno, el empresario Mauricio Macri. Sin embargo, y pese a los exultantes vitoreos en el buker partidario, en tan solo un año y medio de gestión de gobierno en la ciudad de Buenos Aires, el PRO perdió casi un 15% de votos. Si Macri desea postularse para la Presidencia de la Nación en el 2011 ya debe saber que con la gestión no basta. Su discurso de que "una idea vale más que cualquier aparato político", es sólo para la tribuna... El aparato aportado por el duhaldismo en apoyo a Felipe Solá fue lo que garantizó el triunfo en la provincia de Buenos Aires. Y eso incluso se reconoció en los discursos de agradecimiento al ex Gobernador bonaerense.

Así, en la Provincia de Buenos Aires, la pelea estaba dada entre el ex Presidente de la Nación, Néstor Kirchner -postulado por el oficialista Frente para la Victoria (FPV)- y el aliado del porteño Macri, otro empresario, Francisco De Narváez -postulado por la alianza Unión-PRO- quienes hicieron las primeras denuncias por supuesto fraude electoral (para más información sobre estas denuncias cliquea aquí) pero que pronto quedaron sin efecto. Según varias encuestadoras, en dicho distrito -la provincia más grande del país- el oficialismo y la derecha se disputaban cabeza a cabeza el resultado. Los resultados comenzaron a mostrar una diferencia de cerca del 2% en favor de De Narváez. Si bien la diferencia no es abultada, es un revés simbólico en un riñón del peronismo: De Narváez hace muchos años que desea ocupar la gobernación bonaerense, y con esta alianza se está posicionando para lograr algo que parece imposible: ser el primer Gobernador no-peronista de la provincia con una alianza que contenga a un sector importante del peronismo disidente...

En este sentido, el oficialismo ha salido bastante golpeado. Néstor Kirchner quedó desdibujado entre las candidaturas testimoniales, una gestión nacional que siente su cansancio a partir de la "crisis con el campo", el manejo de un PJ (Partido Justicialista) que no logra mantenerse unido... Pero ¿cómo es que diferencias de 2% en las provincias de Buenos Aires o en Santa Cruz (riñón del kirchnerismo) se hacen sentir como "derrota"? ¿Perder por un 2% es "perder"? Depende. Hay que ver qué es lo que se pierde. La mentada gobernabilidad dependerá de la capacidad de alianzas que el kirchnerismo pueda hacer, y hay sobradas pruebas de la gran capacidad de política de alianzas que el kirchnerismo ha desarrollado durante estos últimos 7 años... En este sentido no sería extraño que el "bloque K" encuentre en la derecha más aliados que enemigos, pues el ansia de acceder a los lugares de poder es algo notorio en el PRO y sus aliados. No obstante, Kirchner perdió el quorum propio que tenía en el Congreso Nacional y con ello su hegemonía en el mapa político argentino. Es en estos términos que debe leerse la -ahora sí- derrota del kirchnerismo: en términos de límites. La derrota no es aplastante, como los medios pretenden afirmar, pero sí ha puesto un límite al modo de gobernar y a muchas de las proyecciones del actual gobierno.

Los medios de comunicación -abiertamente en guerra declarada por el oficialismo a partir de su intención de impulsar la nueva Ley de Radiodifusión- ya declaran a estas elecciones como "la derrota K". Si bien el kirchnerismo no ha triunfado, es más justo decir que la balanza se ha equilibrado, que decir que ha habido una "derrota" en términos tan tremendos. El oficialismo salió muy golpeado, sí, pero subestimar a alguien que en el 2001 era muy poco conocido en la política nacional y que en sólo dos años accedió al gobierno de ese mismo país y pasó a se una máquina de construcción de poder que le valió garantizar dos presidencias, creo que puede ser pecar de inocencia... o de ansiedad (al momento de escribir estas líneas los medios privados seguían hablando de "derrota abrumadora" mientras continuaban mostrando resultados de un ¡2% de diferencia!).

Los resultados de las elecciones habrán de verse en términos de la economía (el dólar y la inflación es probable que suban un poco con estos resultados electorales, y con ello sectores relacionados con el sector externo o que estén dolarizados, como ser el sector inmobiliario).

Felipe Solá es alguien que ha salido fortalecido. Pero es un fortalecimiento "hacia adentro". Se arriesgó al separarse del kirchnerismo y abrirse con un camino propio dentro del peronismo. Buscó alianza con otro traicionado del peronismo que apoyó la "candidatura K" en 2003: el también ex Gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, quien le dio su apoyo. Con ese apoyo fundamental, salió a jugarse nuevamente a una triple alianza con dos exponentes del sector empresarial local: Macri y De Narváez. Solá le aportó "la cuota peronista" a esa alianza (en un distrito profundamente peronista, dicho sea de paso). Si Solá desea disputar nuevamente la gobernación, deberá romper su alianza con De Narváez. Pero Solá bien puede capitalizar su porción de triunfo por otro lado: disputar la conducción del PJ nada menos que a Néstor Kirchner. Y con el PJ bajo su conducción, bien podría -y con comodidad- pelear por una candidatura para Vice-Presidente de la Nación para el 2011.

Sin dudas la gran sorpresa ha sido la muy buena elección del conocido cineasta Pino Solanas de la alianza de centro-izquieda Proyecto Sur. Aunque no es la primera vez que Solanas se presenta a elecciones, las primeras encuestas no lo consideraban siquiera como un candidato a tener en cuenta en los resultados, y sin embargo en la última semana de campaña eran 5 las encuestas que ya lo colocaban segundo en la Capital Federal, superando a la lista oficialista, ecabezada por el banquero y dirigente cooperativista Carlos Heller y a la lista de la alianza Acuerdo Cívico y Social (ACyS), encabezada en la lista por el economista Alfonso Prat Gay (y que llevaba como tercera candidata a diputada a la líder de este espacio, Elisa "Lilita" Carrió, mujer que supo ocupar el segundo lugar para las elecciones presidenciales en las que triunfó el oficialismo con la actual Presidente Cristina Fernández de Kirchner). Los apoderados de Proyecto Sur reconocían que su elección sería "excelente" con un porcentaje del 18% en Capital. Pues al momento de escribir esta entrada, Solanas ya superaba el 24% de los sufragios... Tranquilamente estos resultados muestran un espacio de centro-izquierda no-kirchnerista que se consolida en la Capital Federal, midiendo al mismo tiempo la gestión del PRO en la Ciudad de Buenos Aires. Y en cualquier conformación de gobierno, tener un "tercero en discordia" es siempre problemático. Distintas gestiones "progresistas" en la Capital supieron mantener "alianzas relativas" con la derecha, hasta que ésta logró desplazarla. Hacer alianzas con una fuerza es algo posible, hacerlas con dos ya es más complicado... sobre todo si la distancia política es grande -como la que puede haber entre el espacio político de Solanas y el de Macri-.

Empero, con los resultados obtenidos en la Capital, la derecha se asienta como alternativa frente al oficialismo nacional. Pero también pudo haber tocado un techo: en menos de dos años de gestión perdió un 15% de los votos logrados para ganar la ciudad (un dato que los medios parecen obviar, para sí prestar mucha más atención a la "derrota abrumadora" por un 2% del kirnerismo...). Se esperaba un contundente triunfo de Michetti en Capital. Esa "contundencia" se midió en un 31%, a sólo un 7% de Pino Solanas, que en sólo dos elecciones logró alcanzar el lugar de la oposición en uno de los principales distritos del país. Sin embargo, el valor del triunfo del PRO es simbólico: desplazó a "Lilita" Carrió como "líder de la oposición", tal como se había autoproclamado en las anteriores elecciones presidenciales. Si el PRO de Macri desea consolidar un crecimiento, deberá planificar su salida hacia adelante: despegarse de la gestión de la Ciudad de Buenos Aires lo antes posible (lo cual incumpliría su promesa electoral basada en la "buena gestión") y lanzarse directamente por la Presidencia para el 2011. Pero para ello le hace falta una construcción política nacional y que todavía no tiene (y allí es donde quizás sirva para jugar la "pata justicialista" de la alianza...).

Por su parte, el oficialismo quedó muy debilitado en la Capital Federal. Habiendo salido segundo en Capital hace dos años en las elecciones presidenciales (el primer lugar lo ocupó Carrió en aquel momento en la Capital), y habiendo disputado la segunda vuelta en las elecciones a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad también en 2007 (en aquel momento la contienda fue entre Macri, por el PRO, y Daniel Filmus, por el FPV), hoy ocupó un magro cuarto puesto en las elecciones porteñas con un 11%. Para el oficialismo, no era sencillo enfrentar la contienda en la Capital, y prefirió apostar con la candidatura de un hombre no-propio (el dirigente cooperativista Carlos Heller, Presidente del Banco Credicoop) antes que tomar a alguien dentro de sus propias filas para exponerlo a la pelea por la Capital Federal. Por su parte, Heller desea posicionarse dentro del mapa político porteño desde hace tiempo: habiendo jugado en su alianza electoral progresista de hace dos años con el ex Jefe Porteño Anibal Ibarra y el ex diputado nacional Miguel Bonazzo en el espacio Diálogo por Buenos Aires, y luego habiéndola usado para apoyar su candidatura como Vice-Jefe de Gobierno porteño de Filmus por la lista del oficalismo nacional. Las ambiciones de Heller por la Capital están claras desde entonces, pero los resultados personales de las presentes elecciones distan de poder ser considerados como un triunfo igual de claro.

Una derrotada en estas elecciones es Elisa Carrió. Se distanció del ARI (partido que ella misma ayudó a crear) para formar su Coalición Cívica (CC) para lanzarse a la Presidencia de la Nación en 2007 en alianza con sectores de la centro-derecha. No llegó, pero obtuvo un segundo lugar a nivel nacional. Hoy, amplió el marco de alianzas de la CC para formar su ACyS, logrando una construcción partidaria a nivel nacional compleja, pero que le significó dejar a su principal conductora a punto de quedar afuera del Congreso Nacional.

Quien también quedó muy golpeado ha sido Daniel Scioli, actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y 2do candidato a la diputación nacional por la Provincia de Buenos Aires. Se complica su futuro político, totalmente alejado de la derecha menemista que lo introdujo en política, alejado de la derecha empresarial que se perfila, alejado del duhaldismo que ahora apoya a Solá, pegado a una alianza con el kirchnerismo que no le garnatiza un futuro político seguro (recordemos que Scioli es uno de los que había dicho que su candidatura era "testimonial"), es posible que se centre en la gestión de su provincia como para minimizar las consecuencias de los últimos resultados electorales para intentar despegarse de la derrota.

Otro derrotado ha sido Hugo Moyano, el Director de la Confederación General del Trabajo (CGT). La gran demostración de fuerza y movilización que significó la celebración del 1 de mayo (día internacional del trabajador) el pasado 30 de abril (la CGT no festejó el 1 de mayo sino un día antes) con un explícito apoyo a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a su esposo, candidato Néstor Kirchner (quien recién reconoció la derrota a las 4 de la mañana), le valió varios lugares en las listas oficialistas, como la del gremialista Julio Piumato como 3er candidato a diputado nacional por Capital.

El gran perdedor de las presentes elecciones en Capital es sin dudas Aníbal Ibarra, que obtuvo nada más que un 3% en Capital Federal. Laa tragedia de Cromañón fue la sentencia de muerte de quien supo conducir la Ciudad de Buenos Aires con un espacio independiente.

Otro que no logró verse reflejado en las urnas fue el Partido Socialista, que se presentó solo para estos comicios y quedó en sexto lugar, luego de Ibarra. En el lugar fuerte de la socialdemocracia, la Provincia de Santa Fe, perdió por ese "abrumador" 2% de diferencia (pero que los medios mostraban, sin embargo, como una victoria pareja frente a peronista disidente y ex corredor automovilístico Carlos Reuteman).

Luego, sectores de la izquierda lograron lugares muy menores. Por ejemplo Autodeterminación y Libertad (AyL) de Luis Zamora, que en el 2001 supo obtener un 17% histórico, hoy cosechó tan sólo un 2%.

sábado, 27 de junio de 2009

VI Cumbre del ALBA: ingreso de Ecuador y otros países, y asunción de una nueva dinámica

La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) entró ayer en una "nueva dinámica" que incluyó cambiar su concepto de "alternativa" por "alianza", y la instauración de reuniones ministeriales y presidenciales periódicas para impulsar sus proyectos.

La nueva Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), antes Alternativa, celebró ayer su VI Cumbre Extraordinaria para formalizar la adhesión de Ecuador, San Vicente y Las Granadinas, y Antigua y Barbuda como miembros plenos del grupo, ya integrado por Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica y Honduras.

Con nueve miembros plenos, el grupo entró en una nueva etapa que le permite pasar de ser una "alternativa" a una "alianza", de una idea en la "nebulosa" a un organismo con estructura y "poder" de convocatoria y ejecución, dijo el presidente venezolano y anfitrión Hugo Chávez. "Es una nueva dinámica de una nueva ALBA que comienza desde hoy a ser Alianza Bolivariana", dijo ayer el mandatario venezolano a los periodistas tras la conclusión de la cumbre, realizada en la ciudad central de Maracay, a 120 kilómetros al oeste de Caracas.

Esa "nueva dinámica" incluye la celebración, cada tres meses, de encuentros presidenciales, el primero de ellos el próximo septiembre en Bolivia.

También la realización de reuniones mensuales de tres nuevos comités ministeriales en las áreas social, política y económica, que comenzarán el próximo julio.

El 27 de julio próximo, se instalarán de forma simultánea el consejo político o de cancilleres en Quito, el económico en Caracas, y el social en Bolivia.

Esas instancias ministeriales rotarán sus encuentros entre los nueves países de la ALBA, y servirán para hacer seguimiento a los proyectos que se planteen en el seno del organismo de integración.

El consejo económico concentrará sus esfuerzos en la planificación económica, el intercambio e inversión productiva, y el desarrollo de programas de cooperación entre los estados miembros de la ALBA-Tratado de Comercio de los Pueblos, indicó la Declaración Final de la cumbre.

El mismo documento hace una exhortación a los "comités del Sistema Único de Compensación Regional (Sucre) a seguir avanzando en su trabajo".

Piden secretaría permanente

El gobernante de Bolivia, Evo Morales, propuso ayer la creación de una secretaría permanente y una comisión permanente de la ALBA para fortalecer la comunicación entre los estados miembros y coordinar acciones que impulsaron los recién creados consejos político, económico y social.

"Estamos creciendo, tratarán de separarnos y dividirnos con chantajes económicos" y esas "agresiones nos obligan a organizarnos, integrarnos y conocernos de manera inmediata", dijo Morales durante su intervención en la cumbre.

En ese sentido, el canciller de Paraguay, Héctor Lacognata, afirmó que su país, observador de la ALBA, pretende integrarse "en poco tiempo" como miembro pleno del grupo.

"Creemos que estamos madurando el proceso para que, eventualmente, nuestra membresía pase a un nivel superior en poco tiempo y, de hecho, nos sentimos cómodos dentro de la ALBA", dijo Lacognata durante su intervención.

En la cumbre participaron los presidentes Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) y Daniel Ortega (Nicaragua), el vicepresidente de Cuba, José Ramón Machado.

viernes, 26 de junio de 2009

JORNADAS PARA JOVENES INVESTIGADORES EN DERECHO Y CS SOCIALES: "Sociedad, Derecho y Estado en cuestión” Ciudad de Buenos Aires, 28, 29 y 30 de octubre

JORNADAS PARA JOVENES INVESTIGADORES EN DERECHO Y CS SOCIALES: "Sociedad, Derecho y Estado en cuestión”.

Ciudad de Buenos Aires, 28, 29 y 30 de octubre de 2009.

Organiza: Comisión de Jóvenes Investigadores del Instituto Ambrosio Gioja (Fc. Derecho, UBA).

Para más información, clickee en el título de esta entrada.

XXVII CONGRESO ALAS: "Latinoamerica interrogada"

XXVII CONGRESO ALAS: "Latinoamerica interrogada". Ciudad de Buenos Aires, 31 de agosto al 4 de septiembre de 2009.

Organizan: Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), Universidad de Buenos Aires (UBA).

Co-organizan: Universidad Nacional del Comahue (UNCo), Universidad Nacional de Cuyo (UNCu), Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Universidad Nacional del Litoral (UNL), Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), Universidad Nacional de Villa María (UNVM), Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP).

Auspician: Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (Agencia), Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Ministerio de Educación de la Nación, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

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JORNADAS DE RELACIONES INTERNACIONALES FLACSO: "Las Relaciones Internacionales hoy: una disciplina en movimiento"

JORNADAS DE RELACIONES INTERNACIONALES FLACSO: "Las Relaciones Internacionales hoy: una disciplina en movimiento". Ciudad de Buenos Aires, 1 y 2 de octubre de 2009.

Organiza: Area de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Para más información, clickee en el título de esta entrada.

jueves, 25 de junio de 2009

9° CONGRESO NACIONAL DE CIENCIA POLÍTICA: "Centros y periferias: equilibrios y asimetrías en las relaciones de poder"

9° CONGRESO NACIONAL DE CIENCIA POLÍTICA: "Centros y periferias: equilibrios y asimetrías en las relaciones de poder". Ciudad de Santa Fe, 19 al 22 de agosto de 2009.

Organizan SAAP, Universidad Nacional del Litoral y Universidad Católica de Santa Fe

Si desea recibir más información sobre el IX Congreso Nacional de Ciencia Política
comuniquese via email a 9congreso@saap.org.ar

martes, 23 de junio de 2009

La democracia global del consenso: ¿construcción o fabricación? Un acercamiento a los conceptos de democracia de la OMC y de sus movimiento (ponencia)

La siguiente es una ponencia que hemos presentado para el IX Congreso Nacional de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), que se realizará en la ciudad de Santa Fe del 19 al 22 de agosto próximos. La publicamos aquí a fin de contribuir con el debate académico.

La democracia global del consenso: ¿construcción o fabricación?
Un acercamiento a los conceptos de democracia de la OMC y de sus movimientos sociales críticos

Por Javier Echaide
jechaide@hotmail.com

En general [la democracia]se la usa para justificar las estructuras existentes de clase y poder: Ustedes son el pueblo y su soberanía consiste en tener elecciones cada cuatro o seis años. Y eso significa que nosotros, el gobierno, somos legítimos aún para lo que no nos votaron. Hasta la próxima elección no es mucho lo que pueden hacer por sí mismos. Entretanto, nosotros os gobernamos porque representamos al pueblo y lo que hacemos es para bien de la nación... La esencia de la democracia es que el gobierno tiene que tomar en cuenta lo que el pueblo quiere y no quiere. No hay ningún mecanismo eficaz para hacerlo: el gobierno representativo no es muy eficaz. A veces funcionan mejor la prensa o los movimientos directos.” (Eric Hobsbawm, 2007)


Introducción

La intención del presente trabajo es tratar de manera comparada la conceptualización sobre la democracia en una institución internacional como es la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en las llamadas “nuevas redes de resistencia global”, particularmente la constituida en contra de la OMC: la OWINFS . Para basar esta comparación vamos a trabajar sobre el concepto que cada uno de estos espacios tiene sobre democracia partiendo de la base de que se trata de un concepto históricamente complejo y discutido, similar al de “pueblo” o al de “sociedad civil”. Entonces, aquí planteamos, siguiendo a Ansaldi (2007a) que ésta no puede ser entendida sin un adjetivo: “Democracia es, se sabe, un término polisémico, lo cual añade más dificultades. Así la democracia es entendida, por caso, como una forma política de la dominación de clase, un instrumento, una forma institucional neutra en términos clasistas, un campo de lucha por la hegemonía, un sinónimo de socialismo, una forma de vida, una forma de sociedad o cualquier otra cosa. Y como si ello fuera poco, está la cuestión de la adjetivación. Contrariamente a Enrique Krauze, para quien la democracia liberal, o la democracia sin adjetivo, es la democracia, me encuentro entre quienes creen que es un sustantivo que, para su cabal comprensión, sí requiere un adjetivo. Claro, que la elección de éste no es una cuestión trivial ni menor. A guisa de ejemplo, señalo una lista nada exhaustiva: burguesa, capitalista, de baja intensidad, delegativa, directa, formal, liberal, limitada, nominal, obrera, participativa, popular, protegida, radical, real, representativa, restringida, revolucionaria, social, socialista, sustantiva, tutelada..., apenas una veintena de adjetivos entre no menos de ¡quinientos!” (Ansaldi, 2007a).

Pero tampoco deseamos circunscribir el presente trabajo a una mera descripción carente de un análisis crítico que pueda surgir como consecuencia de dicha comparación. En este sentido entendemos que la consolidación de los procesos democráticos -no solamente a niveles nacionales sino también a instancias internacionales- no puede desentenderse de las posibles críticas de lo que se ve como “la democracia realmente existente”, esto es la democracia dentro del mundo de las relaciones sociales capitalistas. En este sentido merece la atención las interpretaciones marcusianas y habermasianas en cuanto a la posibilidad o no de una reconstrucción legitimadora de los problemas que socavan precisamente la legitimación del capitalismo tardío, mediante la vía de lo que se denomina “consenso”, el cual es uno de los mecanismos esenciales para la toma de decisiones en el ámbito de la OMC.

De este modo, hemos dividido el presente trabajo en tres partes sustanciales: una parte en donde analizamos en términos teóricos los problemas de legitimación del capitalismo tardío y los argumentos cruzados en torno a mecanismos de relegitimación, una segunda parte donde se analiza el contenido del significado de democracia según la OMC y según el enfoque de los movimientos sociales críticos a este organismo internacional, y una tercera y última parte en la que trataremos de reflejar algunas conclusiones y reflexiones críticas de este trabajo comparado.

De la democracia del consenso a la crítica sobre la cooptación

¿Qué es una crisis? ¿Por qué y cuándo se producen? “Según la teoría de los sistemas, las crisis surgen cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación. En este sentido, las crisis son perturbaciones que atacan la integración sistémica. Contra la fecundidad de esta concepción para las ciencias sociales puede aducirse que descuida las causas internas de un reforzamiento “sistémico” de las capacidades de autogobierno (o una irresolubilidad “estructural” de problemas de autogobierno).” (Habermas, 2002). Con ello, una crisis se produce cuando el sistema no encuentra respuestas a los problemas que lo ponen en jaque, con lo cual queda comprometida su legitimidad en términos de la carencia de sentido que significa conservar un sistema que recurrentemente jaquea el funcionamiento de la sociedad. Pero es a su vez muy cierto que, frente a la presentación de crisis irresolubles provenientes desde los componentes intrínsecos que conforman el sistema social vigente -esto es el capitalismo-, se suelte también pasar por alto los mecanismos integradores que, precisamente, operan en virtud de lograr una recomposición de la legitimidad que se halla puesta en tela de juicio a partir de que la crisis es percibida como no sólo una amenaza circunstancial, sino como una presencia latente y persistente del funcionamiento mismo del sistema en cuestión. En síntesis, es bastante común que, en miras de analizar las razones de una crisis intrínseca del capitalismo, se suela soslayar los elementos que actúan para la recomposición del sistema.

Así es, la actualidad del capitalismo liberal -un capitalismo desplegado en los procesos técnicos, en el dominio asfixiante sobre la naturaleza (a punto tal de poner en jaque al medio ambiente a escala global) y sobre la naturaleza humana- ha sido expuesta por Jürgen Habermas como un régimen en el que el conflicto de clases se ha vuelto latente y las crisis periódicas, definidas como cíclicas por Adam Smith, se han convertido en una crisis permanente y larvada. Un sistema social que se constituye en un sistema-en-crisis logra, como puede comprenderse, un profundo socavo en su legitimidad para permanecer como sistema imperante. Sin embargo, y a fin de evitar el advenimiento de una crisis sistémica terminal, operan mecanismos de recomposicion, dentro de los cuales el Estado asume un fuerte protagonismo mediante una función sustitutiva del mercado como autorregulador del proceso económico en los momentos críticos (Hebermas, 2002). Es mediante el Estado, por ende, que se producen mecanismos de relegitimación del sistema, puesto que el Estado habilita medios de participación social dentro de la vida política, reservando el protagonismo de los ámbitos de la vida económica a los actores ya instalados del status quo.

Esta relegitimación política para la conservación de las relaciones económicas instaladas se condice con la escisión entre el ámbito político y el ámbito económico del funcionamiento social, fenómeno que ha sido analizado desde la filosofía kantiana a la marxista. Esta crisis de legitimación ya mencionada ha venido hallando sus mecanismos relegitimantes en el funcionamiento de la “cultura de masas”, ya fuere a partir de expresiones políticas como la del fascismo italiano, el nazismo alemán, el stalinismo soviético o el populismo latinoamericano, desplazando la clásica construcción clasista de los antagonismos sociales a una nueva concepción no muy definida de “las masas” a las que se les conceden canales de participación en el Estado, menguando de este modo posibilidades de encarar un proceso emancipatorio.

Es preciso llamar la atención en cómo los mecanismos consensuales han venido pisando cada vez más fuerte en la medida que la legitimación del capitalismo tardío ha venido siendo cada vez más problemática. Así, la vía del consenso como mecanismo de participación parece ser el último método de relegitimación del sistema en épocas de la globalización.

Según Habermas, si el proceso de racionalización (en sentido weberiano) ha avanzado hasta el punto en que la economía y la organización política se rigen por una acción con arreglo a fines (en donde se hace carne la máxima de que el fin justifica los medios) y en una sociedad caracterizada por la distribución asimétrica de las oportunidades de vida, el problema se evidencia en oposición a las primigenias tesis de Marx, puesto que el avance de las fuerzas productivas no determina necesariamente la transformación de las relaciones sociales de producción. Así, el despliegue de la técnica (techné) facilita la operatoria productiva sin alterar las relaciones de producción, y la burocratización de los distintos espacios institucionales de la vida política es nada menos que una expresión de este despliegue conservador.

Frente a ello, la demostración de vías consensuales en la toma de decisiones ya no en cabeza de los Estados entre sí a nivel internacional, sino en la institucionalidad de organizaciones internacionales respecto de sectores de la sociedad civil, es un mecanismo reactivo frente al despliegue técnico-burocrático de los espacios decisorios o mismo frente al avance del unilateralismo: “Incluso el gobierno más prudente, que decide por su propia cuenta sobre sus prioridades en la defensa propia, sobre las intervenciones humanitarias o sobre la creación de tribunales internacionales, nunca puede estar seguro de que en su ponderación de bienes y en sus consideraciones normativas distinga suficientemente entre sus propios intereses y los intereses universalizables que podrían ser compartidos por otras naciones. (...) lo que es aceptable racionalmente por todas las partes sólo puede ser puesta a prueba si esta propuesta presuntamente imparcial es sometida a un procedimiento inclusivo de creación de opinión y de voluntad en el que todas las partes adopten mutuamente el punto de vista de los otros y tomen en consideración sus respectivos intereses. Esta es la finalidad cognitiva de la imparcialidad a cuyo servicio están los procedimientos jurídicos tanto en el nivel nacional como en el internacional.” (Habermas, 2008). Este proceso inclusivo en el que todas las partes consideran el punto de vista de las demás no es otro que los mecanismos de consenso. Pero estas aparentes contratendencias a la burocratización técnica, a los denominados “déficits democráticos” y a los avances del unilateralismo como política exterior, y que bajo el análisis habermasiano bien podrían constituir como procesos de relegitimación válidos del sistema, son mecanismos aparentes de participación en el proceso de toma de decisiones, cuyo fin es otorgarles la legitimidad de la que los mismos carecen por tratarse de instancias todavía más indirectas y lejanas de los procesos de la democracia representativa liberal.

Al respecto es interesante contraponer los argumentos expresados por Herbert Marcuse. Primero es preciso rescatar que para este autor el despliegue de la civilización occidental instala ciertos conceptos de la civilización burguesa como nociones universales, en el que el consenso -en el sentido relegitimante del concepto- puede ser un ejemplo. En tal sentido, esta cultura afirmativa oculta una verdad y diluye un conflicto que subyace dentro de las relaciones sociales -y que no es otro que el antagonismo de la lucha de clases- y que por tanto ha de tratarse de una afirmación que sirve de refugio a lo individual y por ende es favorable al culto de la personalidad y/o de la figura paternalista de un Estado fuerte, rasgo distintivo de los regímenes políticos del capitalismo tardío (Escohotado, 1969), y que se hace presente en los momentos críticos.

El capitalismo funciona vía la ley del valor. Y la ley del valor invade todas las esferas del funcionamiento social expresadas en las relaciones mercantiles, lo cual implica una fetichización: que con la expansión de las relaciones mercantiles pueda expandirse también el conjunto de las esferas del funcionamiento social, volviendo a éste en una sociedad más compleja y modificando al capitalismo en una profundización de sí mismo (Lukacs, 1985). Pero si el factor crítico del sistema le es inherente, su profundización hará también que se profundicen las crisis y por ende su ilegitimidad se haga cada vez más evidente, a menos que comiencen a hacerse presente mecanismos de relegitimación.

En este aspecto, el contra-argumento de Marcuse explica el aspecto integrador, asimilador, del capitalismo tardío de los elementos sociales que resultan críticos al sistema. Es ése precisamente su mecanismo relegitimador y no las posibles vías que se presentan como participativas. En un sistema devenido ya no sobre la base de la pequeña propiedad sino la de los monopolios -hoy día transnacionales y que serían imposibles sin el despliegue de la técnica-, el acierto del sistema para hallar formas de relegitimarse es mediante la habilitación de formas por las que pueda incorporar a los componentes críticos (Marcuse, 1983) como método de limar sus opiniones y asimilar dichos sectores dentro de las formas institucionalizadas de la representación política.

El problema que surge es, en efecto, que los sectores sociales críticos del sistema suelen expresarse en formas poco o directamente no institucionalizadas (pero no por ello imposibles de ser institucionalizadas) como lo son las movilizaciones callejeras. La cuestión que plantea la asimilación de estos sectores dentro de los mecanismos formales de una participación aparentemente consensuada es el acercamiento de la sociedad civil a lugares no-decisorios sino adyacentes (lo que en términos coloquiales se le suele llamar la “next door”, y que analizaremos más adelante). Ello no hace más que otorgarle al sistema una parte no menor de la legitimidad que le ha sido cuestionada.

En tal sentido, es falso que la apertura a la “sociedad civil” de los espacios donde opera la profundización de las relaciones sociales capitalistas sirva para que los sectores más críticos influyan sobremanera en la dirección de esa profundización. Estos espacios decisorios están reservados para las representaciones políticas institucionalizadas, es decir los Estados; y mismo hasta éstos se hallan condicionados al momento de negociar sus pretensiones. Los Estados se han convertido, a partir del advenimiento de la globalización neoliberal, en polos que compiten entre sí para la atracción de inversiones extranjeras, por lo que tal finalidad condiciona fuertemente esos espacios de toma de decisiones.

Si los Estados acuden condicionados por los vaivenes del capital transnacional en virtud de la atracción de sus inversiones, y en tanto todo el proceso se ajusta a esa meta (acción racional con arreglo a fines), los componentes críticos del sistema que ponen en discusión la legitimidad del mismo tienen aún menos posibilidades de influir dentro de los procesos decisorios. Pero esto no significa que esos elementos deban ser menospreciados o puedan ignorarse. En lo absoluto. En tanto ellos permanezcan por fuera de la institucionalidad, serán muestra clara de lo excluyente y pernicioso que resulta la profundización de las relaciones sociales capitalistas. Su inclusión, por lo tanto, obedece no quizás a una mejora en la impronta democrática de las instituciones, sino que es producida para la cooptación de esos sectores externos para su asimilación dentro de los mecanismos formales, instituidos, del funcionamiento de estos espacios, y sin que por ello signifique que su integración vaya a modificar ni los procesos decisorios ni las decisiones a tomar.

El consenso, como método participativo de la toma de decisiones, se transforma entonces en una vía falsa de la integración social, que aplaca la crítica y oculta los antagonismos subyacentes de las relaciones sociales. Y esa integración social no será posible mientras persistan las diferencias que causan el conflicto.

En este sentido, el intento de aplicar mecanismos consensuales al tiempo que se incorpora (o se “integra” en términos marcusianos) a sectores de la “sociedad civil” que resultan críticos de determinados aspectos y resultados de la globalización, es una falsa visión de una construcción democrática basada en el consenso. Lo que ocurre es que se basan premisas en torno a metas concretas -como ser el caso de la liberalización comercial- a fin de garantizar un objetivo último que es la de encausar el proceso de globalización cuyos principales actores beneficiados son las empresas transnacionales, claro sujeto activo de la concentración de capital. Sobre esas metas y esos objetivos últimos se despiertan resistencias y críticas que es preciso minimizar a fin de no llevar el conflicto existente a planos de mayor nivel (escalar el conflicto). En virtud de ello, se intenta asimilar -y muchas veces con un éxito relativo- a dichos sectores sociales a los espacios reservados a tal fin, pero sin que ello signifique incorporar realmente a tales sectores a los mecanismos reales de toma de decisión.

En nuestro análisis práctico de estos argumentos creemos que lo dicho puede reflejarse dentro de una de las organizaciones internacionales impulsoras de la globalización neoliberal y nacida al calor de la misma: la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La democracia según la OMC

La OMC es una organización que se autodefine como un “foro permanente para la liberalización progresiva del comercio mundial” (OMC, 2003). Es una organización surgida en pleno auge de la globalización neoliberal: su entrada en vigor fue el 1ro de enero de 1995, reemplazando a su antecesor el “sistema GATT”: un tratado internacional que funcionaba como un sistema de facto a partir de 1948 y en el marco de la posguerra, y que había regulado las relaciones comerciales a nivel multilateral por los últimos 50 años.

La OMC cuenta actualmente con 151 países miembro y se define a sí misma como una organización democrática cuyas decisiones se basan en el consenso. Esta es su principal carta de presentación al momento de querer recalcar las características fundamentales del funcionamiento de la organización, diferenciándose de otras organizaciones consideradas “hermanas” (el BM y el FMI) que responden a mecanismos de juntas directivas en las que se delega toda capacidad decisoria: “Dirigen la OMC los gobiernos Miembros. Todas las decisiones importantes son adoptadas por la totalidad de los Miembros, ya sea por sus Ministros (que se reúnen por lo menos una vez cada dos años) o por sus embajadores o delegados (que se reúnen regularmente en Ginebra). Las decisiones se adoptan normalmente por consenso. A ese respecto, la OMC es diferente de otras organizaciones internacionales, por ejemplo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En la OMC no se delega la autoridad en una junta de directores ni en el jefe ejecutivo de la Organización.” (OMC, 2003). Es así como la OMC funda su concepto de democracia en la no delegación decisoria en juntas burocráticas o cargos ejecutivos sino en la toma de decisión por parte de los países miembro congregados en reuniones de máximo nivel.

Al mismo tiempo el mecanismo del consenso es el más utilizado por la organización para adoptar sus resoluciones. Esto obedece también a una cuestión de la época en que la OMC tiene nacimiento: atrás quedaron los mecanismos tripartitos -como el de la OIT- originados como contención de los avances y reclamos por parte de la clase trabajadora a nivel internacional. El triunfo de la Revolución Rusa de 1917 puso en ciernes la organización del sistema capitalista, que debió dar respuesta a una forma alternativa de organización que se presentaba como antagónica al capitalismo. La creación de la OIT y su método tripartito de toma de decisiones fue sin dudas un reconocimiento en términos políticos e institucionales al avance del proletariado mundial: primero porque el crear una organización internacional cuya temática fuera el trabajo era reconocer la importancia del tema; segundo porque de allí en más, la clase trabajadora se sentaría junto a los sectores empresarios y los Estados miembros para decidir políticas mundiales sobre el tema en cuestión. Recordemos que esto fue mucho antes de la creación de las Naciones Unidas. Pero también quedaron atrás los mecanismos similares al voto ponderado -como el del Consejo de Seguridad de la ONU- que contemplan calidades de voto distinto entre sus miembros y derecho a veto para algunos de ellos. La implosión de la URSS y el fin de la Guerra Fría dieron nacimiento a expresiones tales como el “final de la historia” o el “fin de las ideologías”, por las que en principio se entendía a todos los países dentro de una “aldea global” común, un mundo unipolar, un “pensamiento único”. La OMC nació en ese marco, por lo que no es extraño comprobar que el consenso haya sido el mecanismo decisorio elegido para la organización, aún cuando en el ámbito internacional haya sido muy pocas veces utilizado para la negociación de tratados internacionales.

Este consenso es logrado por el máximo órgano de la OMC que es la Conferencia Ministerial, la cual reúne aproximadamente cada dos años a todos los Ministros de Comercio de los países miembro. Esta Conferencia Ministerial es la máxima autoridad dentro del organismo y de ella salen los mandatos en los que se basarán las negociaciones de liberalización conocidas con el nombre de “Rondas”. Este es el máximo nivel de decisión que posee la OMC, pero no el único. Existen luego otros tres niveles que configuran órganos ejecutivos o de negociaciones más de carácter técnico, pero que siempre deberán obedecer a los mandatos conferidos por la Conferencia Ministerial.

Otro de los conceptos que la OMC resalta al referirse a sus mecanismos de funcionamiento es el de la transparencia. Para la OMC el término transparencia técnicamente se refiere a un deber por parte de los Estados miembro de la organización de dar a conocer a los demás miembros del sistema multilateral de comercio toda información referente a su batería de datos arancelarios y comerciales: nomenclatura arancelaria, consolidación de aranceles, procedimientos burocráticos aduaneros, etc. En este sentido, la transparencia es de los países miembro hacia la organización y no viceversa, como quizás podría entenderse en una interpretación llana del término. Por supuesto que la toma de este significado particular del concepto de transparencia despertó fuertes críticas desde la sociedad civil organizada, con lo que la OMC comenzó a trabajar en pos de figurar como “una organización transparente”, en el sentido de dar a conocer sus mecanismos de funcionamiento, las documentaciones oficiales presentadas, etc. Tal así, que gran parte de lo que mencionamos puede reflejarse en su página web institucional (www.wto.org), la que se ve atiborrada de documentación, alguna de importancia pero principalmente carente de relevancia política.

Vale comenzar a aclarar aquí algunos señalamientos en torno al contenido empleado para la acepción de democracia. Democracia se la entiende como una democracia formal, procedimental, representativa y delegada a los poderes públicos de cada Estado miembro de la organización. A pesar de existir ciertos canales de diálogo con la “sociedad civil”, la idea y puesta en práctica de la concepción democrática es derivada de la democracia representativa burguesa. Decimos derivada ya que -como en todo foro internacional- no existen mecanismos de elección de delegados o de representantes, por lo que no puede ser comparada con una democracia representativa como tal en términos de la de un Estado-nación. No obstante, la puesta en práctica de la figura de un funcionamiento democrático se aplica a partir de allí: de la constitución de la entidad como foro, del organismo internacional propiamente dicho. No se cuestionan las formas por las que los delegados de cada país miembro acceden a su representación (en este caso, es la misma la representación de un delegado de un gobierno de facto que el de uno constitucional, o la de un delegado de una monarquía como el de una república, o la de un representante de un gobierno democrático de uno que no lo es). Lo democrático de la organización -según la concepción de la OMC- está dado en términos de cómo funciona el organismo internacional entre sus miembros, sin cuestionar lo que ocurra con cada miembro hacia adentro: esa no es incumbencia de la OMC.

Respecto del diálogo con la sociedad civil y lo que la OMC entiende por tal, puede decirse primeramente que la OMC -y muchos otros organismos internacionales- entienden por sociedad civil a todo aquello que no sea el Estado, una oficina dependiente de éste u otro organismo internacional. Sindicatos, organismos no gubernamentales (ONGs), movimientos sociales, empresas transnacionales, pequeñas y medianas empresas, cámaras empresarias, todo ello es “sociedad civil”. Sin embargo, cuando comúnmente se alude al término, en general se hace especial referencia a los sectores críticos de esa sociedad civil en términos genéricos.

Nosotros creemos que para poder darle una definición más correcta y acabada al respecto, debemos recurrir al sentido marxista de la expresión sociedad civil, esto es: el sector explotado de la sociedad. Ello incluye a muchas ONGs no patronales, movimientos campesinos, sindicatos, organizaciones sociales territoriales, ecologistas, de género, movimiento anti-globalización (o altermundista, en su acepción francesa), etc. Esto lo profundizaremos en el análisis final.

Generalmente se otorga un espacio dentro de las Conferencias Ministeriales o de algunas instancias similares para que las ONG, sindicatos y movimientos sociales involucrados con los temas del comercio internacional puedan expresar sus puntos de vista, sugerencias y críticas. Estos “mecanismos de diálogo” no son en absoluto vinculantes para la organización o para sus países miembro, y no forma parte alguna de los procesos decisorios, ni siquiera de carácter consultivo. Es por ello que comúnmente se conoce a esta instancia como la next door (la “puerta de al lado”): el movimiento social asiste a la Conferencia Ministerial, se registra en sus planillas de ingreso, realiza actividades dentro del ámbito, puede acceder a las conferencias de prensa, pero no participa de ningún mecanismo de decisión, ni presencia las reuniones formales (mucho menos las informales, que detallaremos más adelante) de los delegados gubernamentales. Para resumir en términos generales, se trata de una visión de democracia “hacia adentro” de la organización, sin involucrar directamente a sectores sociales y sin dar revisión a los mecanismos que hacen a la elección de delegados .

La democracia según los movimientos sociales

Primero, debemos aclarar que sobre este punto vamos a trabajar a partir de las declaraciones oficiales de la Red OWINFS junto con algunos autores especializados. Por cuestión de espacio no podemos abarcar un análisis más profundo sobre cada uno de los movimientos que componen esta red y qué entienden ellos por democracia.

Esencialmente estos movimientos sociales surgen a partir de la globalización neoliberal capitalista y en respuesta a ella. Entienden que la globalización no es el fin de las ideologías, sino que ella misma es el resultado de una ideología en particular: el neoliberalismo. A raíz de que la globalización ha impulsado fuertemente la liberalización comercial y la desregulación del capital, centran sus principales críticas fundacionales en estos aspectos, pero no son los únicos. Según Wallerstein, los movimientos sociales que emergieron con la globalización son la cuarta y más renovada versión de lo que él denomina “movimientos anti-sistémicos” post 1968 (Wallerstein, 2003), y tienen como fecha de nacimiento entre su victoria sobre el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) en 1998 en Francia y la Conferencia Ministerial de Seattle de la OMC en 1999. Por ende, la vinculación entre las políticas librecambistas y la praxis crítica de los sectores sociales involucrados ha sido un factor constitutivo de gran parte de estos movimientos.

Lo interesante de estos movimientos, y tal como lo plantea Zibechi (2003), es que tienden a planteos más radicales que sus antecesores . Ello no significa que todos los movimientos se definan como anti-capitalistas, pero sí incluyen entre sus reivindicaciones conceptos como la horizontalidad, la toma de decisiones colectivas, la igualdad de géneros, una vinculación mayor con la territorialidad, etc. A su vez, estos movimientos combinan viejas y nuevas estrategias pero hacia estas reivindicaciones novedosas, como por ejemplo: la formación de sus propios intelectuales. Aclaramos aquí que horizontalidad no significa no-organización sino que el momento instrumental es subordinado a los principios de igualdad en la toma de decisiones (horizontalidad). Esto se ve con claridad en algunos movimientos como el zapatismo en México, pero también como en otros como la Marcha Mundial de Mujeres (WWW, en sus siglas en inglés), el Black Block, los Tutte Bianche, etc.

Un factor interesante es que a partir de los ´90 estos movimientos utilizan la herramienta de Internet para organizarse en un formato novedoso que es la conformación de redes globales|. Ello significa que no hay una subordinación de algunos movimientos por sobre otros, como tampoco una jerarquización entre ellos, sino que se produce la construcción de un “nosotros” a partir del compartir las experiencias de luchas locales (Ghiotto, 2005). Esto es lo que se conoce como “la estrategia glocal” (“pensar global, actual local”). La conformación de estas redes de resistencia global y la formación de estrategias conjuntas de lucha se cristaliza en espacios como el Foro Social Mundial (FSM), donde estos movimientos conviven en diferentes redes en donde se ve una interacción respetuosa (Seoane y Taddei, 2001). Allí se reúnen todos los tipos preexistentes de movimientos anti-sistémicos -la Vieja Izquierda, la New Left, organizaciones de Derechos Humanos, grupos anarquistas, ecologistas, de género, y aquellos que no caben con facilidad en ninguna de estas categorías-, intentando reunir también movimientos estrictamente locales con luchas globales sin por ello crear una superestructura global (Wallerstein, 2003).

Dentro de estas redes de resistencia global se encuentra la OWINFS como espacio de acción a nivel global en contra de la OMC en lo específico y de la globalización neoliberal en lo general: “Los efectos destructivos sociales, políticos y ambientales del modelo neoliberal de globalización pro-empresarial son los que han despertado resistencia creciente entre un espectro amplio de organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales de todo el mundo, incluso durante las Cumbres de la OMC en Seattle, Doha, Cancún y Hong Kong. Nuestro Mundo No Está en Venta forma parte de ese movimiento mundial de resistencia.” (OWINFS, S/F.a). Muchos de los movimientos que componen la red participan también de otros espacios -como el FSM, movilizaciones contra el G-8, anti-Cumbres Presidenciales como la ocurrida en Mar del Plata en 2005 , etc.-, por lo que comparten agendas, acciones y puntos de encuentro. Ello ha ayudado a generar acciones compartidas en pos de objetivos comunes, lo que a su vez ha constituido una alianza natural basada no tanto en acuerdos políticos de cúpulas jerárquicas sino en el avance de acciones políticas concretas.

El nacimiento de la red OWINFS está más relacionado con el objetivo perseguido por movimientos, sindicatos y ONGs de Europa y EEUU, críticos al funcionamiento y programa de la OMC. Entre sus miembros fundadores podemos hallar a la ONG norteamericana Public Citizen, al sindicato estadounidense Sierra Club, al movimiento internacional de origen francés ATTAC (Asociación por una Tasa a las transacciones financieras especulativas para la Ayuda a l@s Ciudadan@s), a movimientos ambientalistas como el canadiense Polaris Institute, etc. Pero esa red de organizaciones europeo-norteamericanas pronto fue ampliada a organizaciones de todo el mundo, incorporando a algunas como Focus on the Global South de Filipinas y Malasia, las redes internacionales de origen británico Oxfam y Action Aid, el Movimento Sem Terra (MST) de Brasil y la red internacional Vía Campesina, como así también a todos los movimientos constituidos en la Alianza Social Continental (ASC) -principal motor de la campaña contra el ALCA en América Latina- como ser la Central Única dos Trabalhadores (CUT) de Brasil, el mencionado MST, la Red Brasileira de Integração dos Povos (REBRIP), la Autoconvocatoria No al ALCA de Argentina, la Red por un Comercio Justo y Sustentable de Chile, la Fundación Solón de Bolivia, la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (REMALC), la Red Colombiana de acción frente al libre comercio y el ALCA (RECALCA), la organización REDES de Uruguay, entre muchos otros. Con ello, la Red OWINFS -como muchas otras redes a nivel regional- combina organizaciones que participan de los espacios habidos para la sociedad civil (insider) con organizaciones que también participan de los procesos políticos sin involucrarse desde adentro de los mecanismos formales de las negociaciones (outsider) de los procesos de negociación librecambistas (Ghiotto y Echaide, 2007).

La segunda declaración de unidad política de la OWINFS (firmada por 257 organizaciones sociales al momento de nuestra consulta) establece al concepto de democracia como uno de los pilares fundacionales de la red que vincula el concepto en términos de igualdad económica no escindida de la igualdad política a la que generalmente se hace referencia cuando se habla de sistema democrático: “Contra ese proceso de globalización orientada por las transnacionales, sostenemos la visión de una economía mundial fundada en principios de justicia económica, sustentabilidad ecológica y responsabilidad democrática –una economía que privilegie los intereses de los pueblos y las personas antes que los de las empresas.” (OWINFS, S/F.a). La declaración también es clara al mencionar que: “A diferencia del conjunto de valores, prioridades y políticas del mismo talle para todos impuesto por organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y procesos internacionales de solución de controversias comerciales que no son responsables ante nadie, la democracia no es tan sólo la realización de elecciones, sino un sistema de gobierno en el que el pueblo tiene el control de los asuntos que afectan directamente la vida de la gente. Democracia significa no estar sujeto a mecanismos de decisión velados, carentes de transparencia y que no le rinden cuentas a nadie, tales como los procesos de solución de controversias de la OMC. La democracia implica que el pueblo asuma el control de las fuerzas que afectan directamente la vida de la gente.” (OWINFS, S/F.a).

El concepto de democracia es uno de los centrales dentro de los planteos de estos movimientos, dentro de cuyas metas declaran dedicar esfuerzos “(...) al desarrollo de un nuevo sistema de comercio sometido al control democrático, que contribuya al avance de la justicia económica, el bienestar social, la equidad de género y la sustentabilidad ecológica, y que provea empleo digno y los bienes y servicios necesarios para todas las personas.” (OWINFS, S/F). Se quiebra en estos planteos la escisión aparente dentro del capitalismo entre lo político y lo económico, en donde se otorga igualdad y participación democrática para la esfera de lo político, pero restricción en cuanto a la esfera de lo económico (Boron, 2003), vinculando ambas esferas bajo los términos de participación democrática en la toma de decisiones así como en los beneficios económicos y sociales.

La mencionada declaración resalta básicamente algunos de los aspectos más centrales de la crítica al funcionamiento, misión y visión de la OMC. Así es como los movimientos sociales críticos de la OMC resaltan un doble estándar con el que opera dicha organización: mientras que en sus discursos y publicaciones oficiales permanentemente subraya su carácter de auxiliador organismo impulsor de políticas de desarrollo para los países del Tercer Mundo, el combate a la pobreza mediante el comercio internacional y la transparencia y amplio respaldo político en sus tomas de decisiones, los movimientos sociales argumentan que dichas políticas están lejos de cumplir con los objetivos que se proclaman. Acusan a la organización y a sus defensores de que su visión responde a una matriz ideológica (el neoliberalismo) que ha causado el aumento de los índices de pobreza a nivel mundial, la concentración de la riqueza, un aumento de la desocupación, la inestabilidad de las economías nacionales y regionales, etc. Ello apoyado además en mecanismos que se visten de consensuados, pero que poseen un carácter altamente técnico y elitista que se halla alejado del conocimiento (y por ende del control real) de la población que soporta las cargas de la aplicación de dichas políticas. Generalmente resaltan que la base de ese mentado consenso se produce a raíz de reuniones de carácter secretas que ocurren “informalmente” en el despacho del Director General de la OMC -el ex Comisario de la UE, Pascal Lamy- en donde se producen las instancias de presión hacia los países más débiles del sistema. Estas reuniones son conocidas con el nombre de “reuniones de sala verde” o green rooms (debido al color de las paredes de la oficina del Director General) y ocurren también durante las Conferencias Ministeriales . El carácter de secreto de esos green rooms se plasma en que no se llevan actas de lo conversado en sus reuniones, se desconoce quiénes asisten a las mismas, a la vez que nunca se conocen los resultados de las conversaciones, con lo cual la pronunciada transparencia de la organización también se ve cuestionada (George, 2002). Esto también pone en tele de juicio los intentos por mostrar a la OMC como una “institución transparente”, según lo tratamos anteriormente.

Si bien la OMC puede aparecer a primera vista como una organización más democrática que el Grupo del Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI) a raíz de que sus decisiones son adoptadas por consenso y que en caso de votación a cada país miembro le corresponde un voto, ese consenso es logrado a partir de los green rooms en los que siempre participan los cuatro miembros del grupo de negociación de la OMC denominado “Cuadrilátero” (EEUU, la UE, Canadá y Japón). La participación real de los países en desarrollo y los países menos adelantados se ve dificultada por una falta de capacidad técnica independiente en sus delegados o directamente por la carencia directamente de un cuerpo de delegados que pueda dar seguimiento a las negociaciones. Al menos tres docenas de éstos países ni siquiera tienen un embajador permanente en la OMC, o bien comparten uno (George, 2002; Wallach y Woodall, 2004). La falta de financiamiento de estos países imposibilita que puedan mantener un cuerpo permanente de delegados en Ginebra, que sean capaces de cubrir la cantidad de reuniones técnicas paralelas que se producen, además de que deban tener el nivel técnico suficiente como para defender los intereses de cada país. Para cubrir algunas de estas falencias, se dictan cursos de capacitación, pero la entidad que dicta esos cursos es la propia OMC, por lo que el carácter “independiente” de los mismos cae en duda (George, 2002; Lal Das, 2004).

Algunos movimientos incluso hacen hincapié en que no existen mecanismos dentro de la OMC que posibiliten canales de participación real para la denominada “sociedad civil” y que la incluyan en las negociaciones. Ello trae aparejado un alejamiento entre las organizaciones sociales y la OMC propiamente dicha, que se traduce en una alejamiento todavía mayor entre las decisiones tomadas por la OMC -por ejemplo los paneles arbitrales formados por el Órgano de Solución de Controversias (OSD) de la OMC- y los ciudadanos que deben afrontar las consecuencias y efectos de tales decisiones. Estos mecanismos arbitrales proveen de muy pocas instancias en que las voces de los ciudadanos puedan ser contempladas o mismo que los ciudadanos puedan darle un seguimiento (Wallach y Woodall, 2004).

Este alejamiento no se ve solamente en los efectos, sino también en su accesibilidad. Mientras que los mecanismos de solución de controversias dados en la OMC como en los tratados de libre comercio (TLCs) bilaterales otorgan una capacidad procesal activa muy amplia para las empresas transnacionales, los ciudadanos individuales no posee tal prerrogativa y deben atenerse a un único foro de jurisdicción para respetar sus derechos: los tribunales nacionales (Echaide, 2005). Esta disparidad va en desmedro de aquel en cuya cabeza recae el derecho y la responsabilidad de ejercer el voto para elegir los gobiernos dentro de un régimen democrático, y favorece al mismo tiempo a entidades que no son susceptibles de participar dentro del mecanismo democrático formal.

Respecto de esto último, se da la ironía que el ciudadano puede incidir en el cambio de gobierno con el mecanismo democrático del voto, pero no puede con ello incidir para que se produzca un cambio de políticas de Estado en la materia en cuestión. Esto es así gracias al principio de liberalización progresiva imperante en la OMC (también llamada “cláusula del no retroceso”) mediante el cual toda instancia a la que se haya arribado en una negociación de liberalización debe ser continuada por una siguiente que profundizará los resultados de su antecesora. Con ello se da una tendencia obligada a la baja de aranceles y a la liberalización comercial en general, resultando virtualmente imposible detener el proceso y mucho menos retrotraerlo (Echaide, 2007a; Echaide, 2007b; Lal Das, 2004).

El secreto y la carencia del debido proceso también forman parte del ojo de las críticas: “Los paneles de controversias de la OMC operan en secreto, los documentos están restringidos a los países en disputa y la prensa y el público están excluidos. Los paneles de primera instancia y el cuerpo de apelaciones se reúnen en sesiones cerradas y sus procedimientos son confidenciales. Todos los documentos son también conservados en forma confidencial a menos que un miembro gubernamental voluntariamente lance sus propias afirmaciones al público. Ninguna apelación por fuera de las reglas de la OMC es permitida. Estas reglas operacionales han permanecido en vigor desde que la OMC y su poderoso OSD fueron establecidos.” (Wallach y Woodall, 2004; la traducción es propia).

Por su parte, los sindicatos también promueven críticas propias. A partir de la última Ministerial de Hong Kong, la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT) ha despertado una visión cada vez más crítica respecto del rumbo tomado por las negociaciones de la Ronda de Doha, como también de los mecanismos decisorios de la OMC. “Para los sindicatos se requiere avanzar en la construcción de un sistema comercial multilateral con una dimensión social y laboral, que esté ligado a otras instituciones globales como la OIT, UNCTAD, la OMS y otras agencias de la ONU.” (ORIT, S/F). En este sentido, la falta de apertura a la participación, sumado a formas en las que se basan la toma de decisiones que no se condicen con el tripartidismo (un mecanismo ampliamente aceptado por las organizaciones sindicales) provoca rechazos desde este sector debido a la cerrazón del organismo, y a su comportamiento antidemocrático (Wallach y Woodall, 2004).

Otro de los argumentos en los que la crítica de la red OWINFS se basa para atacar el concepto de la OMC como un organismo “democrático” es que éste último tiende unilateralmente a decidir sobre la mercantilización de temas y esferas de la vida que tendría que definirse colectivamente junto con los sectores sociales que se verían afectados por dicha mercantilización (George, 2002; Lal Das, 2004; Wallach y Woodall, 2004; Echaide, 2005; Ghiotto y Echaide, 2007). Así, el acceso al agua potable, por ejemplo, está siendo actualmente negociado dentro de la agenda de Servicios -uno de los tres temas más importantes dentro de la Ronda de Doha- como un tema mercantil más, aunque ello ponga en riesgo el acceso de cientos de miles de personas a un recurso tan vital como es el agua.

En síntesis, se trata de puntos de vista sostenidos por este nuevo tipo de movimientos sociales, los cuales son considerados por muchos autores como “nuevos movimientos sociales anti-sistema”, más radicalizados, que son más difíciles de ser integrados a las esferas del Estado (Wallerstein, 2003) y del capital (Tischler, 2001) o a este tipo de organizaciones internacionales a raíz de sus planteos más radicales de cuestiones, como ser, lo que se entiende por democracia.

A modo de conclusión: abriendo preguntas

El concepto aplicado de democracia responde a una determinada cosmovisión de la realidad. Primeramente podemos observar una visión que podríamos llamar “consensual”, basada en la idea de una tendencia de la sociedad a la armonía. Entonces, la armonía es lo que impera, y esta se ve rota frente a ciertos desacuerdos o hechos que desatan discrepancias. Y esa armonía es plausible de ser restaurada vía el consenso y el diálogo, y estos sirven de base para la democracia. Existe en esta cosmovisión un concepto instrumental de la idea de democracia y de la idea de política: para la OMC, la democracia vía el consenso es un instrumento para garantizar el libre desarrollo de las fuerzas del mercado, lo cual se lo puede interpretar como una acción determinada ligada a lo que se entiende como el concepto weberiano de la acción racional con arreglo a fines. Esta acción -la democracia vía consenso (acción racional) como instrumento para liberar las fuerzas del mercado (fines)- posee una raíz de pensamiento ligada a la noción liberal de sociedad y que se corresponde con la cosmovisión que mencionábamos. Para esta visión, la comunicación social ha de servir como una herramienta para minimizar el conflicto; ergo: los foros de discusión instituidos dentro de los organismos internacionales (como el espacio para la sociedad civil dentro de la OMC, los foros virtuales, etc.) para “integrar” los reclamos por caminos institucionales, reducir las tensiones, llegar a acuerdos consensuados y resolver con ello las crisis que pudiesen producirse dentro del sistema.

Hasta aquí la línea de conclusión expuesta se acerca mucho a la idea de la “acción comunicativa” de Habermas, mediante la cual se puede poner en acto la tendencia social al consenso. Pero ese consenso es en realidad una fabricación teórica, puesto que nosotros entendemos que esa “tendencia natural” no es tal, dado que la realidad muestra que no podemos hablar de tendencia al consenso sino de constante expresión de los antagonismos sociales. Y esos antagonismos ocultos detrás de la idea de consenso son en verdad relaciones de poder, que no pueden separarse de la forma que adoptan las relaciones sociales en el mundo actual, es decir, las relaciones sociales capitalistas.

No obstante, la práctica de la democracia y el consenso liberal poseen límites muy claros. Cuando el consenso llega al borde de su capacidad para reproducir el actual estado de cosas (por ejemplo, la liberalización comercial), entonces entra en juego el “estado de excepción”. Es la idea de Marcuse (1981) de la existencia de una tolerancia represiva en el capitalismo: la sociedad capitalista es tolerante mientras se respete la alienación (a través de sus reglas de juego). Pero cuando se ataca estas reglas de juego, cuando se pone al descubierto su alienación, entonces revela su fondo intolerante, y se pasa el estado de excepción: el estado policial. Un paso más da Werner Bonefeld (2006) cuando plantea que no se puede separar democracia liberal de estado de excepción, porque la democracia liberal no hubiese pervivido en el tiempo sin el desarrollo constante de su costado hobbesiano o represor. Entonces, el estado de excepción no es justamente una excepción, sino que aparece constantemente, y pasa a ser la regla. Y en la práctica esto se hace evidente cuando se realizan reuniones ministeriales de la OMC, ya que éstas convocan a miles de manifestantes de distintos movimientos (entre ellos la OWINFS) para protestar en las calles en contra de esta organización. A través del uso de la represión policial, la idea del consenso y la democracia de la OMC se hacen trizas, pero en ese mismo accionar se hace evidente de manera contradictoria el límite de la democracia liberal.

Es por ello que existe otra cosmovisión -que es la que tomamos- que sostiene que lo que impera no es la armonía, sino todo lo contrario: el conflicto. Esta visión puede rastrearse en una de raíz kantiana (Kant sostenía que el conflicto era la base para el desarrollo de toda sociedad) y/o marxista (Marx, pensando a través del “método” dialéctico hegeliano, entendía a la historia de la humanidad como una sucesión de conflictos sociales, la lucha de clases).

Pero desde este enfoque, ¿cómo entendemos la idea de una “sociedad civil”? Según Sergio Tischler (2001) pueden darse dos visiones: la primera sería una visión estática, identificante, que define a la sociedad civil como “todo aquello que no sea el Estado ni las organizaciones internacionales” y que por ende agruparía a empresas, ONGs, movimientos sociales, sindicatos, etc. La segunda sería una visión dinámica, materialista, que toma a la sociedad civil también en concepto identificante, pero que a la vez va más allá, dando cuenta también de las luchas que se dan contra las formas de dominación del sistema capitalista y sus procesos de acumulación y expansión (siendo el de globalización neoliberal su última versión). Es así como interpreta a la sociedad civil como sociedad explotada en términos de lucha contra el capital, teniendo consecuencias distintas al momento de determinar qué entiende por agrupar dentro del concepto de sociedad civil: las empresas no entran en esta posible definición, no todos los sindicatos, sólo algunas ONGs, sí la generalidad de movimientos sociales. Con esto se da una evidente puja de intereses contrapuestos con lo que el consenso resulta imposible, a menos que de trate de una fabricación teórica y práctica: sólo hay consenso si se basa en una relación de dominación previa que fuerce a ese acuerdo y con lo cual la idea misma de consenso queda desdibujada. Este enfoque no reniega de la existencia del conflicto, sino que se para en él para analizar las contradicciones que presenta una sociedad en constante lucha contra sí misma. Es decir que, a diferencia de la sociología y ciencia política institucionalista, esta perspectiva abraza la contradicción en vez de intentar eliminarla teóricamente.

Entendemos entonces que los conceptos de democracia manejados por la OMC y por los movimientos sociales críticos a la liberalización comercial, y nucleados en la red OWINFS, son abiertamente opuestos. Mientras el primero resalta la formalidad de mecanismos instituidos dentro de sí, los otros abogan por un contenido más cercano a la “democracia furiosa” de la independencia latinoamericana (Ansaldi, 2007a) o al menos a formas de democracia que reflejen controles directos, participación y amplitud en la toma de decisiones. El primero se refiere a mecanismos definidos a priori como lo que la institucionalidad (la OMC para el caso) entiende por democracia. Los segundos dicen qué es lo que entienden por democracia, y reclaman que sean los mecanismos los que se ajusten al concepto. Como se ve, son antagonismos no solamente de significado en sí, sino además según el proceso en que son concebidos ambos contenidos del sustantivo democracia, convirtiéndose en un diálogo en contradicción entre poder constituyente y poder constituido.

La referencia a una hipótesis de Perry Anderson, nos hizo reflexionar sobre las condiciones para la instalación de este proceso que hoy conocemos como globalización, y en el cual la liberalización comercial juega como un motor que le da vida. Según el autor que cita tal hipótesis (Ansaldi, 2007b) la misma lleva a una conclusión “incómoda”, que sin embargo para nosotros resulta digna de analizar. Según su autor, “las condiciones clave para la democracia en América Latina, en estos años, exige un movimiento obrero débil”. Si bien hace explícita referencia a las democracias nacionales y a América Latina, nosotros queremos llevar dicha conclusión un poco más allá. Creemos que ese movimiento obrero débil, desarticulado -en retroceso, podría decirse- fue una condición necesaria para la instauración de la globalización neoliberal, cuyos mecanismos de “consenso” se ven reflejados en instituciones internacionales de nuevo tipo, como la OMC. La globalización ha sido el marco en donde ha actuado la profundización de la liberalización comercial y la mercantilización (Echaide, 2007a). La integración de la “sociedad civil” (ya no entendida bajo el prisma neoliberal de la OMC sino en el sentido marxista del término, es decir como sociedad explotada, como clase trabajadora) bajo la óptica de “ciudadano-trabajador” opera en pos del disciplinamiento social, y con ello reducir la intensidad de los conflictos causados por la lucha de clases. Recordemos que lo que prima es el conflicto social. Pretender mermar este conflicto de forma teórica y discursiva no es abogar por una armonía de clases, sino ocultar los antagonismos y la dominación de una clase sobre otra. De allí que devengan mecanismos de “participación” para la sociedad civil tales como la next door o como el “Consejo Consultivo para la Sociedad Civil” en la versión regional del ALCA (Ghiotto y Echaide, 2007). Es en este sentido que debe entenderse el reclamo por una democracia en términos radicales que realizan los movimientos sociales: es una democracia participativa, activa, controlante de la institucionalidad, y en ello abiertamente opuesta al contenido de democracia instaurado en la OMC: una democracia consensuada y por ende sin disidencias ni estridencias, formalizada, mediada por la representación de los Estados dentro de la organización. Intenta con ello evidenciar lo que Hans Vaihiner denomina “ficción democrática” , esto es distanciar los dichos de los hechos, analizar qué es lo que dice la OMC sobre su visión de democracia e identificarlo con lo que los movimientos sociales entienden que la democracia debe ser y cómo debe funcionar.

A ello se suma el que los reclamos de los movimientos por democracia están enfatizados en lo político con vinculación directa a lo económico, intentando quebrar la escisión instaurada en el capitalismo de que la concepción del sustantivo democracia se vincula estrictamente con una igualdad política, sin que se modifiquen por ello desigualdades en el terreno de lo económico: la restricción para las mayorías de toda capacidad decisoria y en la participación de los beneficios del proceso de producción, que recae en manos de quienes poseen la propiedad de los medios para producir. Democracia significa entonces -en términos formales- igualdad política pero no igualdad económica.

Las redes criticas -como ser la red OWINFS- atisban una conexión entre estas esferas, reclamando por lo político, pero no escindiéndola definitivamente de lo económico. Ello no significa que exista una unidad de visión en todos los aspectos. Estas redes son un espacio donde convergen básicamente dos visiones: los movimientos sociales opositores a la OMC y al libre comercio como forma de integración y relación entre pueblos y naciones, y que luchan por el desmantelamiento de la OMC y sus negociaciones in totum; y las organizaciones sociales que abogan por la finalización de las negociaciones (la actual Ronda de Doha) por no centrarse en las necesidades de desarrollo de los países de la periferia, pero a la vez rescatando la necesidad del sistema multilateral de comercio, hoy dirigido por la OMC. Y en ello hay diferencias. Empero, la convergencia de ambas visiones plantea la potencialidad de la red (ya que no se trata meramente de una red testimonial) pero al mismo tiempo establece sus limitaciones.

En ese enfrentamiento permanente entre forma y contenido de la misma acepción polisémica de democracia, quizás bien valgan las palabras que siguen: “(...) Nosotros nunca fuimos fanáticos de la democracia formal, significa lo siguiente: siempre hemos distinguido el contenido social de la forma política de la democracia burguesa, siempre supimos develar la semilla amarga de la desigualdad de la sujeción social que se oculta dentro de la dulce cáscara de la igualdad y la libertad formales, no para rechazarlas, sino para incitar a la clase obrera a no limitarse en la envoltura, a conquistar el poder político para llenarlo de un nuevo contenido social. (...)” (Rosa Luxemburgo). Creemos, en conclusión, que es en la dialéctica entre forma y contenido en donde es posible hallar una superación que profundice los valores pero además el sentido de la democracia que hoy tenemos, tanto en los ámbitos locales como dentro de la “gobernabilidad global”. Una democracia no viciada por ningún “pensamiento único” que vele los disensos, sino que por el contrario se base en ellos para fortalecerse. En síntesis: una democracia construida, no (pre)fabricada.



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