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sábado, 31 de julio de 2010

Protestas en Cumbre del G-20: más ajuste en plena crisis

El G-20 es el resultado de la ampliación del "Grupo de los 8" (G-8): series de reuniones cumbres entre los primeros mandatarios de los 7 países más ricos del mundo más Rusia. Con la habida crisis económica mundial desde mediados de 2007 y profundizada desde 2008, ese grupo informal de "gestión de la globalización neoliberal" se ha ampliado hasta incorporar a otros actores globales como Brasil, China, India, Indonesia, Argentina... Así, desde 2008 ya se celebraron Cumbres del G-20 en Washington, Londres, Pittsburgh y ahora Toronto.

La Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, llegó a Toronto (Canadá) con un discurso en contra el ajuste fiscal, acorde con la postura macroeconómica del actual gobierno. Sobre este tema, su participación no tuvo ecos de ningún tipo, ya que el comunicado final del G-20 estableció metas concretas de reducción del déficit y de la deuda, con la advertencia de que la retirada de los estímulos públicos no ponga en peligro el crecimiento económico. De este modo, las primeras medidas adoptadas por varios gobiernos de países desarrollados de "salvataje" de la economía provada con fondos públicos, ahora parece llegar a su fin, para dar paso al recetario clásico neoliberal de aplicar la reducción del déficit público a fin "reencausar" las economías de cada país.

El comunicado final de la cumbre estableció el compromiso propuesto por Canadá, anfitrión de la reunión, de reducir el déficit a la mitad para 2013, aunque sólo será vinculante para los países avanzados, dijo el 1er. ministro canadiense, Stephen Harper (conservador). Como reflejo de las discusiones previas a la cumbre, el G20 indica que el camino de recortar el gasto público "debe ser a la medida a las circunstancias nacionales" de cada país y "compatible" con el crecimiento económico y con las medidas de estímulo en marcha. "La cumbre refleja una amplia convergencia con las tesis europeas", reivindicó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso.

Con todo, hasta 24 horas antes de la sesión plenaria de países ricos y emergentes, el secretario del Tesoro de USA, Timothy Geithner, insistió en que la cumbre debía centrarse en "potenciar el crecimiento". Pero el comunicado final de la cumbre del G-20 enfatiza la necesidad de acelerar el ajuste de las cuentas públicas.

La intervención de los Gobiernos se limita a los estímulos fiscales (planes de inversión pública, subsidios, recortes de impuestos) "ya existentes", que han supuesto, según el FMI, casi 2% del PIB anual de los países del G-20 durante el periodo 2008-2010. Que el G-20 asuma la línea dura del ajuste presupuestario no significa que no sepa que juega con fuego.

Así, "hay un riesgo de que el ajuste fiscal sincronizado de varias economías pueda tener un impacto adverso en la recuperación", admite el comunicado. Pero el mismo documento también equipara ese riesgo con el de que "el fracaso en la consolidación de las cuentas públicas donde sea necesario, reduzca la confianza y obstaculice el crecimiento", lo cual vuelve a la declaración bastante contradictoria.

El G-20 argumenta además que es necesario recuperar margen presupuestario para poder responder a "nuevas crisis" y a los retos que impone "el envejecimiento de la población" (esto particularmente atendiendo a la situación de los paíseseuropeos y norteamericanos).

"No podemos dejar a las generaciones futuras un legado de déficit y deuda pública", se insiste en el comunicado. Como "respuesta equilibrada" a estos riesgos, los países industrializados se comprometen a "al menos, reducir a la mitad sus déficits públicos en 2013 y empezar a reducir el peso de la deuda pública en relación con el PIB a partir de 2016".

El FMI estima que en esa fecha, la deuda pública de los países avanzados del G-20 habrá alcanzado el 117% del PIB conjunto, frente al 80% de 2007. El texto sigue en su literalidad a la propuesta canadiense, que recoge objetivos alcanzables para Europa y EEUU. Entretanto, los países de la UE ya han puesto en marcha planes para recortar el déficit hasta el 3% del PIB en 2013, partiendo de niveles de déficit que superan en todos los casos el 8%.

Y el propio presidente de EEUU, Barack Obama, envió una carta a los líderes del G-20 en la que se comprometía a reducir el déficit (ahora del 11%) "a la mitad" en 2013 para llegar al 3% en 2015. En todo caso, el objetivo fijado en el G-20 es más exigente para la aAdministración Obama que para los países de la UE, que ya han anunciado drásticos planes de ajuste, con subidas de impuestos y tijeretazos al gasto. Y, a diferencia de lo que ocurre con los programas de estabilidad europeos, no se prevé ningún tipo de sanción si el objetivo no se cumple, algo que ya no pocos analistas asumen como un "acuerdo tibio" como resultado de la Cumbre de Toronto.

A esto también se suma que cada país elegirá el ritmo de ajuste presupuestario, pero, en el mejor de los casos, los estímulos fiscales ya existentes solo durarán hasta 2011, aunque ya hay varios países, como Reino Unido, Francia o España, que han empezado a desmantelarlos este año.

Incluso USA afronta serios problemas para sacar adelante las medidas de estímulo previstas donde el mensaje de la austeridad cala entre representantes y senadores: el Congreso tumbó la semana pasada iniciativas para prorrogar subsidios a los parados y beneficios fiscales a las PyMEs.

Con todo, la Canciller alemana, Angela Merkel, expresó que "Hablando con franqueza, es mucho más de lo que esperábamos, que los países industrializados se hayan comprometido así, es un éxito". Pero sus palabras contrastaron con las de varios dirigentes de los países emergentes.

"Reducir el déficit a la mitad para algunos países es un ajuste draconiano, cuando uno se pasa en la medicina puede matar al paciente", recalcó el ministro de Exteriores brasileño, Guido Mantega; al tiempo que "La política de austeridad es un desastre, nosotros ya lo experimentamos en 2001", dijo la presidente de la Argentina, Cristina de Kirchner, en referencia período previo al impago de la deuda pública que se produjo aquel año.

Pero el texto final del G-20 fue en otra dirección aunque la oposición de los emergentes -con niveles de déficit inferiores- quedó reflejada en el comunicado, ya que no se les aplicará el objetivo mínimo de déficit pactado por las economías industrializadas.

Es una señal más de la fragmentación de lo que en las primeras cumbres del G-20 fue un impulso coordinado contra la crisis. Al término de la cumbre, Obama prefirió una formulación más diplomática: "Cada país establece su camino, pero todos nos movemos en la misma dirección".

Como estaba previsto, también se deja a cada país que decida cómo garantizar que la banca financie los rescates, pasados o futuros, de entidades en problemas. "Algunos países están desarrollando impuestos al sector financiero; otros exploran una aproximación diferente". Con ello, la aplicación de un impuesto internacional al movimiento de capitales (como ser la Tasa Tobin) no parece estar pronta a ser tomada, aunque los reclamos por parte de distintos sectores de la "sociedad civil" así lo demanden.

El resquebrajamiento del consenso internacional deja grietas por todo el comunicado. Por ejemplo, se incluye una mención a la necesidad de que los países emergentes refuercen sus redes de seguridad social y flexibilicen sus tipos de cambio, pero China se opuso a que se incluyera una referencia elogiosa de su decisión de apreciar el yuan, no fuera a ser que se tome como precedente. Y el texto del pomposo 'Marco para un Crecimiento Fuerte, Sostenible y Equilibrado' sólo arroja por ahora conclusiones genéricas, como que los países con déficit comercial deben reforzar su capacidad de ahorro, mientras que los que acumulan saldos positivos deben incentivar la demanda.

Esas y otras recetas, como las reformas de los mercados laborales, "sobre todo en países que perdieron productividad", permitirían incrementar el PIB mundial un 2,5% más cada año y crear 52 millones de puestos de trabajo, según las conclusiones de un informe del FMI, del que no se precisó como se llega a esas cifras...

Como también estaba previsto, el G-20 deja para la cumbre de noviembre, en Corea del Sur, los compromisos pendientes en la reforma financiera o los cambios en el FMI.

Tras los fallidos intentos por resucitar la Ronda de Doha de la OMC -un acuerdo comercial mundial que se negocia desde hace 9 años- los líderes de países ricos y emergentes evitan volver a poner un plazo y se limitan a pedir una "conclusión ambiciosa tan pronto como sea posible". Por último, los líderes del G-20 confirmaron que la cumbre de 2011 se desarrollará en Francia y que habrá otra reunión en 2012, esta vez en México.

Pero los países que forman parte del G-20, que suman el 85% del PIB mundial, han llegado a un consenso en otros aspectos, como en la necesidad de exigir mayores dotaciones de capital a la banca, para que resista mejor los envites de la crisis. Así, da su total apoyo a las negociaciones que hay en marcha en el Comité de Supervisión de Basilea, donde se negocian nuevas exigencias, conocidas como Basilea III.

Protestas sociales

La Cumbre en Toronto no ocurrió al margen de las masivas movilizaciones sociales que suelen haber para estos momentos. Es que hablar de polítias de ajuste en plena crisis económica mundial es trasladar los costos económicos para que sean asumidos socialmente, lo cual conlleva a que los sectores afectados se sientan legitimados a rechazar ese programa.

También carece de legitimidad el propio proceso de convocatoria del G-20. Heredero del proceso del G-8, el G-20 toma -aun dentro de la informalidad- el papel de otorgar direccionamiento al proceso de globalización. Esto era dado en su momento or dos grandes momentos: el G-8 y el Foro Económico Mundial (FEM) que cada año se da cita en Davos (Suiza) y que involucra a los principales actores del sector privado (empresas transnacionales) y algunos invitados "de lujo" (mandatarios y ex mandatarios de países de peso en la economía global, economistas de renombre, y a veces también estrellas de rock como el cantante de U2, Bono).

Los encuentros del G-8, y ergo los del G-20, han carecido de legitimidad política para que se arroguen la "responsabilidad" de la gobernanza global. Máxime en momentos de crisis internacional, cuando los costos de la misma pretenden ser socializados, aunque no así ha ocurrido cuando la globalización daba beneficios...

Precisamente, el año pasado, la Asamblea General de la ONU llamó a un "G-194" (es decir una reunión plenaria ya no con solamente 20 países no elegidos por nadie para direccionar la crisis, sino con la totalidad de los países miembros de la comunidad internacional) para intentar tomar medidas generales sobre la actual situación. Dicha reunión fue boicoteada principalmente por los mandatarios de los países desarrollados y minimizada por los medios de comunicación, por lo que acabó perdiendo la visibilidad e importancia que tenía, así como el peso político de la misma.

Toronto vio la Cumbre entonces con masivas movilizaciones de protesta, reflejando la contradicción de gobernantes encerrados debatiendo el futuro próximo de la economía global frente a cientos de miles de manifestantes de los pueblos de distintas partes del mundo que expresaban su descontento.

Hubo disturbios y hubo represión: entre 500 y 600 detenidos fueron a parar a las celdas de la policía canadiense, la cual usó gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar las manifestaciones (algo quizás "habitual" para quienes vivimos de este lado del mundo, pero en absoluto para la sociedad canadiense). Y aunque las manifestasiones más masivas ocurrieron pacíficamente durante el día 27, hubieron altercados, corridas y algunos desmanes hacia el día 28 de junio.

Que continúen las reformas

En términos generales, el G-20 atrasó el rediseño de un nuevo sistema financiero global, aunque dio ánimos para que cada gobierno continúe con sus políticas locales y a someterlas a una mayor supervisión del FMI, tal y como se acordó en las cumbres de Washington, Londres y Pittsburgh.

Pidió que se imponga una mayor regulación y transparencia a los mercados de derivados (subprimes), a las agencias de calificación de riesgo, y a los fondos de alto riesgo, que estuvieron en el ojo del huracán durante la reciente crisis, pero medida que no difiere de lo acordado previamente en las Cumbres anteriores y que poco resultado se han obtenido hasta el momento.

La declaración final de la cumbre también hizo referencia al bloqueo de las negociaciones de Doha para liberalizar el comercio, y pide al respecto que las conversaciones finalicen "lo antes posible". También pide a los países que eviten en los próximos tres años, hasta el 2013, los países eviten imponer barreras comerciales al comercio y a las inversiones, insistiendo así con las políticas de libre comercio vigentes desde los ´90, aún en un contexto de crisis mundial.

El G-20 establece que la próxima cumbre se celebrará en noviembre en Corea del Sur, en tanto que en el 2011 la acogerá Francia, y en el 2012 el país anfitrión será México.

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