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domingo, 11 de septiembre de 2011

A diez años del 11-S

Se cumplen 10 años de los atentados al World Trade Center (más conocido como "las Torres Gemelas" de Nueva York), que conmocionó al mundo y que alteró sin dudas el contexto de la política internacional del nuevo siglo.

La historia oficial narra que dos aviones comerciales de la línea American Airlines fueron secuestrados por un grupo de terroristas -en su gran mayoría de Arabia Saudita- pertenecientes a la red Al Qaeda, que habían recibido entrenamiento en Afganistán para pilotear aviones de gran tamaño (pero no para aterrizarlos), con la intención de estrellarlos contra el centro económico y comercial de los EEUU: las Torres Gemelas de Nueva York, con un saldo de 2.752 personas muertas y 24 desaparecidos.

Muchas historias se escribieron después y todavía hoy se siguen levantando sospechas sobre los reales responsables del "11-S", como se lo conoce. Pero lo cierto es que este evento modificó el contexto político doméstico norteamericano, así como el contexto político mundial.

Un político débil como George W. Bush, que había ganado la Presidencia de los EEUU por una sentencia judicial y con fuertes sospechas de fraude electoral en el año 2000, se alzaba con una popularidad inusitada luego de los atentados, y unificó filas en contra de un enemigo común extranjero: el terrorismo internacional, Al Qaeda y la personalización individual en su máximo líder, Osama Bin Laden.

Las libertades civiles se restringieron fuertemente dentro de los EEUU como respuesta a lo atentados y bajo razones de otorgar una "mayor seguridad" a los habitantes de los EEUU. La Patriot Act fue la respuesta legal del gobierno norteamericano para ello, y que se vio acompañada por la Trade Promotion Act (también conocido como el fast track o "vía rápida") como réplica de política exterior norteamericana, mediante la cual el Congreso autorizaba al Poder Ejecutivo estadounidense a negociar y firmar tratados de libre comercio sin necesidad alguna de revisión por parte del órgano legislativo.

Con este contexto fue posible que se lanzara finalmente una nueva ronda de negociaciones dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en diciembre de 2001 y que aún continúa en curso -convirtiéndose, por lejos, en la ronda de negociaciones más larga de la historia en la vida del sistema multilateral de comercio-: la Ronda de Doha.

Bush (h) quedó así autorizado a iniciar la "lucha contra el terrorismo" internacional, la cual recibió la solidaridad inicial de casi todas las naciones de la tierra, al tiempo que avanzaba con una feurte política de liberalización comercial que afectaría las negociaciones multilaterales y bilaterales de dicho país con el resto del mundo.

No sólo este fast track liberó la posibilidad de iniciar la ronda de negociaciones en la OMC desde su creación en 1995 (en 1999 la OMC había intentado lanzar la llamada "Ronda del Milenio" en Seattle, EEUU, y ue resultó un completo fracaso a raíz de contradicciones internas entre los países desarrollados y los países en desarrollo, como también por la irrupción de sindicatos, movimientos ecologistas y los movimientos anti-globalización que aparecieron en escena como un nuevo actor crítico no previsto por la agenda de la globalziación neoliberal), sino que también aceleró las negociaciones del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y de algunos tratados de libre comercio (TLC), que se multiplicarían luego del estancamiento del ALCA en 2003 y su definitivo fracaso en 2005.

En lo que ataña a la política de seguridad en el contexto internacional, resultan mucho más conocidas las justificaciones que este evento aportó para la ocupación norteamericana de Afganistán en octubre de 2001 y el derrocamiento del régimen talibán en dicho país, así como la invasión estadounidense a Irak en mayo de 2003, en flagrante violación del Derecho Internacional, y puso fin al régimen de Saddam Hussein.

Muchas dudas quedaron de estos atentados, y más todavía sobre el supuesto atentado al Pentágono o el avión derribado en Pensylvania y que tenía supuesta dirección a la Casa Blanca (con lo cual se sustentó la hipótesis que se pretendía atacar los centros de los poderes político, militar y económicos de la potencia más importante del mundo), y esto todavía dedica litros de tinta y cientos de páginas en libros y en internet.

Lo cierto es que el gobierno norteamericano conformó una comisión de investigación que publicó un reporte fuertemente criticado por la opinión pública y que dejó más dudas que certezas.

Un George W. Bush que despertaba dudas para la administración pública pronto se convirtió en un paladín de la seguridad y la libertad con un apoyo casi total por parte de su población, y aseguró una alianza con otros Estados occidentales (Gran Bretaña, España, Australia, Polonia, y en parte Francia y Alemania para el caso de la ocupación del territorio afgano, no así para la aventura a Irak) y trazó una línea de política de Estado a nivel internacional que se conservó durante las dos administraciones republicanas que Bush conduciría.

Finalmente, las críticas de la ocupación a Irak y Afganistán y la permanencia en dichos territorios por un lapso de diez años, junto con otras cuestiones de índole doméstica, serían claves para la derrota electoral de los republicanos y el ascenso de Barack Obama a la Presidencia de los EEUU. Pero el contexto sigue siengo el mismo y la marca del 11-S todavía se siente en la arena internacional.

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