Nos mantuvimos en silencio durante meses, pese al bombardeo mediático sobre el devenir del año electoral argentino, simplemente por una cuestión de prudencia y respeto hacia el electorado, que se expresó en forma definitiva en el día de hoy y de manera contundente. La actual presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner fue reelecta por cuatro años más con un resultado electoral arrollador: 53,96% de los votos.Cristina sacó incluso más caudal que en las elecciones primarias (50,07%) en las que ya había logrado un rotundo triunfo con la mitad más uno de los votos totales. Y se confirmó

la tendencia que se venía marcando en cuanto a los triunfos de los oficialismos en casi todo el país: salvo en dos únicas excepciones (Catamarca y Río Negro) quien ya gobernaba, seguirá gobernando. Incluyendo ahora en la nación.
Pero lo asombroso fue el aplastante triunfo, tanto en cantidad de votos propios como en la diferencia respecto del resto. La oposición quedó reducida a expresiones mucho más pequeñas, no solamente en la contienda presidencial, sino además en los cargos legislativos.
Cristina ganó por más del 50% en todas las provincias, excepto San Luis (única provincia donde fue derrotada), en Santa Fe y en Córdoba (donde también ganó, pero por menos del 50%).
En los cargos legislativos, el Frente para la Victoria (FPV) recobró la mayoría absoluta de ambas cámaras, en donde había perdido el quórum propio tras las reñidas elecciones de 2009 en donde el oficialismo nacional tuvo hasta el momento su único revés.
Pero los resultados van más allá de una victoria coyuntural. Esta elección debe destacarse en términos también históricos: se trata de una elección comparable a los triunfos de nada menos que del Gral. Perón en vida.
Si nos remitimos a la historia electoral argentina, mientras que los gobiernos de Arturo Illia
(radical) y Néstor Kirchner (peronista) fueron los más débiles en términos electorales -algo que se reflejó en términos políticos para el caso de Illia aunque no para el caso de Kirchner-, los gobiernos de Yrigoyen (radical), Perón y ahora el de
Cristina se inscriben en los casos de legitimidad electoral más contundentes en la historia de nuestro país desde la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912.
Los medios de comunicación comparan los resultados electorales como superiores a los de Raúl Alfonsín (radical) en 1983 con la vuelta de la democracia. Pero se quedan cortos: los números reflejan que Cristina obtuvo una victoria más aplastante incluso que la de Perón para su segunda presidencia, en 1951. Y casi igual que la legendaria y aplastante victoria electoral de la fórmula Perón-Perón en 1973
con el regreso del exilio del caudillo justicialista.
La que acabamos de presenciar es entonces el tercer triunfo más aplastante en la historia electoral nacional, luego de la del radical Hipólito Yrigoyen en 1928 y la que mencionábamos recién de Juan Domingo Perón en 1973.
En ambas cámaras el kirchnerismo recuperará la mayoría absoluta de bancas, y en la mayoría de las provincias gobernarán dirigentes de su propia fuerza política, a excepción de San Luis (Alberto Rodríguez Saa, de una línea del peronismo disidente), Córdoba y Chubut (donde también gobernarán díscolos del PJ), Corrientes (donde gobierna ya el radicalismo) y Santa Fe (donde continuará gobernando el socialismo).
La gran derrotada sin duda alguna es la Coalición Cívica (CC) y su líder, Elisa "Lilita" Carrió, que tuvo la peor elección de su historia (iniciada cuando se separó del radicalismo hacia el año 2001) con un 1,84% de los votos, y corriendo el riesgo hoy de quedar eliminada literalmente del mapa electoral. Incluso los votos en blanco la superaron...
Otro de los grandes derrotados en el saldo final es el cineasta Fernando "Pino" Solanas, quien había logrado conformar una alianza de centro-izquierda (Proyecto Sur) pero que con sus vaivenes políticos y personalismos para posicionarse como candidato presidencial y/o en la alcaldía porteña (porque le resultó en definitiva indistinto con tal de acceder a un cargo seguro), impidió una alianza fructífera y lógica con el Frente Amplio Progresista (FAP), una nueva fuerza de distintos sectores. De hecho, muchos partidos que conformaban la alianza Proyecto Sur se pasaron al FAP, siendo el caso paradigmático el del electo diputado nacional Claudio Lozano, quien había
El arco progresista se vio fuertemente fortalecido. En sólo tres meses, el FAP se convirtió, con el 16,87% de los votos, en la segunda fuerza nacional y el socialista Hermes Binner como
jefe de una oposición no-fundamentalista y no-dogmática, algo que nunca se había dado en el contexto desde el retorno a la democracia en 1983 y dentro del esquema del bipartidismo tradicional argentino.
Si de bipartidismo hablamos, es inevitable hablar de la Unión Cívica Radical (UCR), que llevó a Ricardo Alfonsín (hijo del fallecido ex presidente Raúl Alfonsín) quien retrocedió a un tercer lugar desde las primarias, con un 11,15%. No obstante ello, la UCR en el largo plazo logró recuperar su posición de partido establecido dentro del mapa electoral. Luego de la debacle que se significó el 2001 y la renuncia presidencial del radical Fernando De La Rúa, la UCR estuvo cerca de la división y de la disolución como fuerza política. A diez años de esos sucesos, el radicalismo es la primera minoría en ambas cámaras legislativas nacionales, conservando un fuerte peso en el Senado Nacional, y gobernando
una provincia: Corrientes. Aunque sea con sabor amargo, en el largo plazo los radicales supieron conservar un lugar de poder que excede a lo meramente testimonial.
Los disidentes del peronismo han sido otros grandes derrotados. Tanto el bonaerense Eduardo Duhalde (quien ocupara el cargo presidencial sin haber ganado nunca una elección) como el puntano Alberto Rodríguez Saa quedaron muy resagados en los resultados y no lograron conformar un polo de oposición gravitante, obteniendo el 5,89% y 7,98% respectivamente.
La derecha porteña del PRO de Mauricio Macri logró sobrevivir a la arrasadora victoria "K" sobre todo el arco opositor. Macri desistió de las elecciones presidenciales haciendo una opción similar a la de Solanas: yendo por una elección con potencial triunfo -en su caso- de reelección, y al mismo tiempo para poner orden dentro de su propio partido entre distintas líneas internas que disputaban por ese puesto si Macri competía por la presidencia. Sin embargo, en esta elección, sus candidatos a diputados nacionales quedaron muy desdibujados y el "éxito" a mostrar debió refugiarse en el triunfo de una intendencia en el norte de las afueras de la ciudad de Buenos Aires, algo que no logra asomarse ni a la sombra de una respuesta electoral a Cristina Kirchner.
La izquierda también dio la nota en estas elecciones. Primero, la izquierda finalmente se presentó unida en un frente que unificó al trotskismo local (el Frente de Izquierda), que llegó a Jorge Altamira como candidato. Luego, no solamente logró acceder a competir por la candidatura presidencial, aprobando la instancia de las elecciones primarias, sino que también contó con una elección bastante favorable en este contexto arrasador: si bien no pudo colocar ningún diputado -lo cual era su meta- obtuvo más votos hoy (2,31%) que la ex líder de la oposición, Carrió.
Un dato no menor fue el triunfo del reelecto gobernador bonaerense Daniel Scioli, quien obtuvo inclusive más caudal de votos que la propia Cristina: 55,06% del electorado lo reeligió como gobernador.
Hay números en las provincias que son más asombrosos: Cristina ganó en Santiago del Estero ¡con el 82,01%!, con el 78,16% en Formosa, 74,76% en Santa Cruz (provincia natal de la familia Kirchner), y con el 68% en Corrientes (¡gobernada por el radicalismo!).
En 2007, con el triunfo de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales de entonces, decíamos que, por los resultados del momento, "había kirchnerismo para rato". Al año siguiente, el gobierno tuvo su momento más tenso con el denominado "conflicto con el campo". Muy atrás quedó aquella disputa. Hoy, en esas mismas jurisdicciones donde las patronales agrarias hicieron lock out en contra de la política de retenciones del gobierno nacional, esos sectores conservadores votaron mayoritariamente por la reelección de la presidenta.
Hay otro dato y es a dónde quedó el "que se vayan todos" de diciembre de 2001. La Argentina posee elecciones nacionales obligatorias en las que, sin embargo, el promedio de asistencia electoral históricamente rondó en un 82%-85%. Desde el 2001 ese promedio ha descendido a un 76% del padrón electoral y no se ha recuperado. Es mentira el anunciado "récord de asistencia electoral" de las primarias: existe un cuarto de la ciudadanía argentina que no asiste a votar, a pesar de que es obligatorio hacerlo. Una parte importante de aquel "que se vayan todos" está hoy dentro de las filas del kirchnerismo, sin dudas. Otras que pueden explicar el anclaje del progresismo (con "capital política" en Santa Fe). Pero también está en este ausentismo electoral que al parecer el kirchnerismo no necesita hoy para gobernar con peso político contundente.
Es indudable la legitimidad de Cristina Kirchner en la renovación de su cargo. Ha sido un resultado histórico y debe ser reconocido como tal. Poco margen queda para "matizar" tamaña victoria -repetimos- comparable no con la de Alfonsín en 1983, sino con las de Perón en sus mejores momentos políticos. Estos resultados direccionan el camino político argentino en el sentido ya trazado. Y lo será por cuatro años más.
Si con responsabilidad cada ciudadano pudo emitir su voto, eso me gratifica. Habrá quienes lo hicieron con una sabia visión global de la Argentina, habrá quienes tengan claro, que la política no es sólo una ciencia llena de incógnitas, sino además una clara expresión de masas, y habrá también los que, sin tener un marco teórico- histórico de nuestro país, han querido expresarse simplemente por entender que una nación de ésta forma se transforma, pienso que esa es la forma de analizar nuestras fallas, entender sus causas y proponer objetivos para realizarnos.
ResponderEliminarYo estuve muy sorprendida la verdad porque muy pocas veces en la historia la gente estuvo tan consolidada en su desición de presidente. Yo me acuerdo que estaba justo comiendo lo que me había pedido de delivery de sushi para la cena y me entero los resultados. Me quedé sin hambre de lo shockeada que estaba!
ResponderEliminarLore