La crisis económica internacional que viene desarrollándose desde hace cuatro años tiene sus mayores repercusiones sociales actualmente en Europa, y más particularmente en Grecia.La adopción del euro como moneda única regional significó para los países miembros de la "zona euro" (es decir aquellos miembros de la Unión Europea -UE- que adoptaron la moneda) la renuncia a sus políticas monetarias nacionales y su delegación total a las decisiones que se tomasen en Bruselas -sede de la Comisión Europea, órgano de la UE que representa los intereses de la comunidad regional- y de Frankfurt -donde está radicada la sede del Banco Central Europeo, BCE-, relegando al gobierno nacional a ser un mero coordinador de las políticas monetarias entre las decisiones tomadas por la UE y su aplicación a nivel nacional en cada país.
De esta forma es como se logró mantener una moneda única de un mismo valor en economías tan disímiles como las de Alemania, Francia o Grecia.
Los jugadores más importantes dentro de la UE sin duda alguna son Francia y Alemania, y el factor económico está directamente relacionado con la economía central de estos dos países, más especialmente con la economía alemana.
La crisis, originada en EEUU, logró ser "exportada" a raíz de las distintas medidas de política económica, monetaria y fiscal que se tomaron en Estados Unidos. Esto hizo que los efectos de la crisis internacional se sintieran con mayor peso en sus principales socios comerciales, dado que lo niveles de integración económica y de apertura de las economías también implican el riesgo a un mayo contagio de las crisis económicas.
De este modo, Europa comenzó a sentir también los efectos de una crisis en parte originada en territorio propio y en parte no. Pero a diferencia de los EEUU, la UE no puede tomar políticas monetarias que no sean unificadas y en forma coordinada, dado que mantiene al euro como moneda única en economías nacionales divergentes y de muy disímil grado de desarrollo.
Lo que comenzó hablándose como las crisis de los "PIGS" (referencia rápidamente abandonada a raíz de su explícita connotación despectiva que tildaba de "cerdos" a los países de referencia en la sigla -Portugal, Irlanda, Grecia y España-, según el juego de palabras en inglés), pronto pasó a ser reconocida como la "crisis de las economías periféricas" de Europa: Islandia, Irlanda, Portugal, España, Grecia.
Pero la crisis se está expandiendo también hacia economías más centrales de la UE, como ser Italia, lo cual pone en riesgo la existencia misma del euro como moneda única de la UE y las políticas económicas europeas de marcado corte neoliberal.
Esto ha hecho que las decisiones para aplacar la crisis griega, tomadas en Bruselas y no en Atenas, tengan un efecto de semejante rechazo por parte de la población griega: para que la UE logre seguir gozando de los beneficios de un euro único, hoy los costos han de ser pagados principalmente por los trabajadores y por la sociedad griega.
Esto plantea un debate muy serio y profundo acerca de las conveniencias de las monedas únicas, las formas de integración regional y los riesgos de una integración económica liberal que entiende al ajuste fiscal, la reducción del gasto público, y la expansión del libre mercado como los únicos modos de funcionamiento económico sin por ello reparar en los costos sociales.
Aquí posteamos un interesante informe sobre las últimas novedades de la crisis en Grecia, en donde se decidió dar un referéndum para "aprobar" o no, por parte de la sociedad griega, las decisiones que ya habían sido tomadas en Bruselas por la Comisión Europea, plebiscito que luego debió ser retirado por el Presidente griego Papandreu, próximo a renunciar.
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