
Vemos hoy día por televisión el fuerte conflicto desatado en Chile y el debate abierto sobre la educación pública, gratuita y de calidad que existe en dicho país hermano, pero que trasciende las fronteras y que también se torna en un debate al menos en la región.
Argentina es, en ese sentido, un ejemplo, teniendo entre las instituciones universtarias nacionales a una de las mejores 5 en América Latina desde hace ya varios años: la
Universidad de Buenos Aires (UBA) -que está celebrando por estos días sus 190 años-, la cual también se ubica en el puesto 178 de las mejores 500 universidades del mundo en el año 2011. Estos rankings se realizan anualmente a instancias internacionales y en los mismos la UBA se destaca no sólo por ser la mejor del país sino además por figurar como la única universidad argentina dentro del las mejores 500 del mundo.
Así, hablando dentro de las latinoamericanas, la mejor de ellas es la Universidad de San Pablo (
USP) de Brasil -que está en el lugar
143-, luego la Universidad Autónoma de México (
UNAM) -en el puesto
164-, y tercera la
UBA -en el
178-. El año pasado se había producido una novedad en los primeros lugares:
Harvard (actual número
1 y comúnmente destacada en ese puesto) había sido desplazada del primer lugar por
Cambridge, que hoy se ubica en el número
5.
Brasil posee al menos 7 universidades dentro del "top 500", mientras que México sólo 1 (UNAM) al igual que Argentina (UBA) y 2 para Chile (con la
Universidad Católica de Chile, en el lugar
407 del listado, y la
Universidad de Chile, en el lugar
456).
El listado completo del mencionado ranqueo del corriente 2001 lo ofrecemos haciendo click
aquí. Valga destacar las 20 mejores universidades se encuentran:
1) Harvard University
2) Stanford University
3) Massachusetts Institute of Technology (MIT)
4) University of California, Berkeley
5) University of Cambridge
6) California Institute of Technology
7) Princeton University
8) Columbia University
9) University of Chicago
10) University of Oxford
11) Yale University
12) University of California, Los Angeles
13) Cornell University
14) University of Pennsylvania
15) University of California, San Diego
16) University of Washington
17) University of California, San Francisco
18) The Johns Hopkins University
19) University of Wisconsin – Madison
20) University College of London
Sin embargo, esto no quita que existan dificultades y problemas que resolver dentro del ámbito académico. A pesar del muy buen posicionamiento internacional de la UBA, hoy fuentes periodísticas rescatan que
sólo el 6% de los ingresantes a las universidades públicas argentinas logra finalizar su carrera de grado. Es que el nivel académico es disparejo dentro de muchas universidades nacionales. aunque continúan resaltando sobre el universo del sector privado. El índice dado a conocer refleja dos posibilidades: un fracaso en las políticas educativas de la universidad pública en general que no logra educar a gran parte de la población, o, por el contrario, una alta exigencia de las universidades nacionales (que no se ve reflejada en sus contrapartes privadas).
Más allá de la crítica que le pueda caber al sistema educativo argentino, debo reconocer que los niveles de excelencia no son una mera retórica y que los resultados hablan por sí solos. Y no porque lo diga la universidad pública, sino porque también lo comparte el propio sector privado: existe un bajo nivel de aprobación en nuestras universidades públicas (algo que merece preocupación, es cierto), pero paralelamente existe un increíble índice de graduación en las privadas. Los planes de estudio son mucho más "light" en éstas últimas que en las públicas, cobran excesivos aranceles, matrículas, cuotas y derechos, y además, las carreras que ofrecen tienen una sorprendente (ya más que preocupante) tendencia hacia un altísimo nivel de especialización tal ("Licenciatura en Observación de Plantas con Flores Amarillas afectadas por el Sol", como leí en un foro a modo de ejemplo socarrón) que no aplican siquiera para cualquier trabajo. Y los títulos emitidos por las universidades privadas tienen virtualmente el mismo valor que el de las públicas, de mejor y más amplia preparación. Los contenidos de las asignaturas no son respetados en general u obedecen a esta "ultraespecialización" demandada por un supuesto "mercado laboral" que en la realidad se encuenta tan fragmentado que sólo un mínimo número de postulantes podrían aplicar al puesto específico (y vaya uno a encontrarlos, primero, y a cautivarlos con salarios que no reflejan su alta capacitación, después...!).
El sistema arancelado o privado/"privatizado" entiende al alumno como un cliente al cual hay que beneficiar. Y lo peor de todo es que el alumno/cliente lo sabe y lo siente así: demanda por facilidades en su capacitación para poder salir al mercado laboral rápido y seguro, aún cuando su preparación académica pasa a un lugar de menor importancia (¡y ni qué decir de su preparación científica! Porque lo que se estudian en las universidades -todas ellas- con ramas de la
ciencia). Al menos esta es la experiencia argentina.
Argentina es un país con casi 42 millones de habitantes, en donde el 45% tiene estudios primarios. Otro 40% apenas logar completar el nivel secundario de estudios y tan sólo cerca del 15% tiene estudios terciarios y/o universitarios, parciales o totales. A nivel mundial, menos del 2% de la población accede a niveles de posgrado... De allí emanará la clase dirigencial de cada país y la del mundo: de ese minúsculo 2%...
Está claro que restringir el acceso a esos niveles de capacitación y formación académica es favorecer la formación de élites que sean las que tengan mayores posibilidades de hacerse de la dirección institucional de un país, una organización internacional, un grupo de poder, etc., lo cual es el caldo de cultivo para el enraizamiento de un poder al mejor estilo despótico. Con ello, los mecanismos democráticos se tornan simples burlas tecnócratas de incersión de papeles en una urna para ungir de legitimidad a una estructura que no favorece a las mayorías sociales, pero que "es la que hay", tornando al conformismo en el mejor de los aliados de un mantenimiento del estado actual de cosas y que cada vez se agrava más.
En lo personal (y esto es una posición tomada que sostengo) estoy orgulloso de contar con una universidad pública y gratuita en mi país. Pero el hecho que la tengamos no quita tampoco que ese sea el techo de nuestros derechos. Para mi es el piso de los mismos, y lamento que otros hermanos latinoamericanos no puedan contar con ello y tengan un piso inferior en materia de derechos. Pero al margen de los derechos, en la realidad que pisamos y vivimos, nadie se sostiene ni se alimenta meramente de los méritos ni de sus titulos. Por mi parte reivindico la actividad docente como un trabajo, al igual que la investigacion cientifica, por lo que sostengo que investigar es trabajar, y en tanto trabajador cientifico corresponde que el Estado (o quien sea tu empleador) pague las asignaciones correspondientes (salario, obra social, aportes previsionales, aguinaldos, vacaciones, licencias por maternidad, etc), ue en plena universidad pública no se pagan. En este sentido, el sistema académico (en Argentina como en otras partes del mundo) necesita pasar de los resabios cuasi-feudales que aún sobreviven en varios aspectos.
Yo amo la universidad que me formó, la siento como mi casa, pero eso no debe colocarnos en una posicion defensiva, cuidado. Mi deseo es una universidad más amplia, una universidad pública mejor, tanto en nivel academico y científico como en prestigio y en relaciones laborales. Doy clases en la universidad pública en forma ad honorem porque deseo devolver a la sociedad lo que ella me ha dado (y he sido formado por completo en el sistema de educacion publica: primaria, secundaria y universitaria, como han sido formados mis padres y -en parte- mis abuelos inmigrantes), pero eso no quita que debamos relegar nuestra capacidad crítica de imaginar y aspirar lo que deseamos y de remarcar y reclamar sobre nuestras disconformidades, algunas que incluso veo y siento en carne propia como ser la situación de los becarios dentro del sistema de investigación científica.
Pero celebro que este debate se esté dando en varios países de la región, y que la preocupante situación de la educación chilena sirva para abrir los ojos de las demás sociedades para que puedan volver a levantarse las banderas de aquella vieja Reforma Universitaria de 1818 que contagió el continente y que fue pionera en el mundo entero.
La UBA cumple 190 años esta semana. Y sigue siendo un orgullo para la Nación y un ejemplo para otros.